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José Luis Graña, autor del estudio sobre reincidencia de menores

"La personalidad influye en la reincidencia"

El profesor José Luis Graña, de la Universidad Complutense, desvela a Madridiario los secretos del estudio pionero 'Reincidencia delictiva en menores infractores de la Comunidad de Madrid: evaluación, características delictivas y modelos de predicción'. Se trata de una investigación pionera sobre la reincidencia de los jóvenes infractores, encargada por la Agencia para la Reeducación y Reinserción del Menor Infractor (ARRMI), dependiente de la Consejería de Presidencia, Justicia e Interior.

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¿Por qué se plantearon realizar el estudio?
La idea surgió de la ARRMI. Querían saber cuál era el porcentaje de reincidencia de los menores y relacionarlo con una serie de variables. Por ejemplo, la supervisión que han tenido en el contexto familiar; el nivel de escolarización; la formación que han desarrollado; el consumo de sustancias; la relación con el grupo de iguales o la actitud y la desviación social podrían explicar la reincidencia de estos menores. Y después de analizar la reincidencia pasada de los que están en los centros, realizar más evaluaciones, cada pocos años, para ver si han vuelto a cometer algún delito, acudiendo a los registros policiales o carcelarios si es necesario.

¿Qué aplicaciones tendrá toda esta información?
Estamos relacionando todos los programas de intervención que se desarrollan en los centros para ver en qué medida van a influir en la reincidencia de esos menores. La  'vuelta o no a las andadas' de estos menores servirá para saber la eficacia de las medidas judiciales y los programas de intervención. Y la información que ya tenemos servirá para diseñar nuevas estrategias para trabajar con ellos.

¿Qué circunstancias, según este estudio, tienen que ver con la reincidencia?

Sabiendo el historial delictivo de estos menores hasta la fecha, estudiamos en detalle las pautas educativas, la supervisión en su entorno, el grupo de iguales, el consumo de sustancias y sus actitudes desviadas. De esta forma, vemos las que son más relevantes y las que hay que abordar de forma más detallada en el tratamiento de estos menores. La ARRMI quiere, en la medida de lo posible, sistematizar toda la intervención desde el punto de vista psicológico y social para que estos jóvenes aprendan a organizar su vida de forma distinta cuando salgan, a pensar sobre sí mismos y sobre el mundo en términos no agresivos, a potenciar las emociones positivas... Y en eso estamos ahora: desarrollando un programa central, educativo y terapéutico, para abordar todos estos factores desviados.

¿Qué novedades traerá esto?
Además de este programa central, estamos desarrollando otras cuestiones como interacciones sociales desviadas y resolución de problemas sociales; ocio y tiempo libre, para que no desarrollen conductas de agresión. También abordaremos cuestiones morales, para que vean las consecuencias de sus actos sobre los demás. Es decir, que si han desarrollado una transgresión a lo largo de los años, para ellos es muy positivo, pero no comprenden el impacto que este tipo de acciones tiene sobre su entorno. Y hay otro sobre consumo de sustancias. Los estamos escribiendo y pautando, de forma que los profesionales que trabajan con los menores sujetos a medidas judiciales trabajen al unísono.

¿Y esto conseguirá reducir la reincidencia de estos menores?
 Efectivamente. Desde el punto de vista social, lograremos que no vuelvan a cometer más delitos, y desde el punto de vista personal, que aprendan a integrarse en condiciones normales y a superar toda la desviación social en su forma de interpretar y sentir el mundo y en su forma de comportarse.

¿Qué entendemos por reincidencia?

En este primer estudio hemos evaluado la reincidencia retrospectiva o pasada de 208 menores que cumplían medidas en centros de la ARRMI. Los criterios que hemos utilizado es que tengan dos o más medidas judiciales en la condición de cautelar o firme; una de estas dos medidas, al menos, tenía que ser firme y, si era cautelar, solo se consideraban a los que tenían la de libertad vigilada. De esos 208 sujetos, 152 no habían reincidido, y 56 sí.

A la luz de estos datos, ¿cuáles son los factores que se relacionan con la reincidencia?
Hemos investigado las pautas educativas que habían tenido a lo largo de su desarrollo; la educación formal y el empleo; el nivel de formación que habían adquirido; la relación con el grupo de iguales, el consumo de sustancias, el ocio y la diversión y su personalidad y forma de comportarse, además de sus valores y creencias como jóvenes.  Así hemos encontrado algunas diferencias. Por ejemplo, los reincidentes habían tenido las pautas educativas mucho peores, tenían más fracaso en educación y empleo, amistades más 'desviadas' y un mayor nivel de consumo de sustancias. Y los reincidentes tenían una personalidad, unos valores y creencias más desviados. Sin embargo, en cuanto a la forma de emplear el tiempo de ocio, no había diferencias entre los que habían reincidido y los que no.

Entonces, ¿de qué depende que los menores infractores reincidan o no?

De su desarrollo como personas, sobre todo en su respeto a los límites. En educación formal y empleo, los que reincidían tenían un mayor nivel de fracaso. Con el grupo de iguales, desarrollaban actividades más proclives al delito: no es lo mismo estar tirado en la calle sin hacer nada y comentando qué transgresiones puedes cometer que estés practicando deporte. Y las actitudes: los que reinciden tienen una forma de interpretar el mundo más desviada. Así, el consumo de sustancias, la personalidad y la conducta son los factores más importantes en la reincidencia.

¿Qué tipo de delitos cometieron estos menores?

En el estudio también diferenciamos entre los delitos violentos, como robo con violencia, homicidio consumado o en grado de tentativa y otras agresiones; los no violentos serían los cometidos contra el patrimonio, que son el 63,1 por ciento. Así, 47 de los 208 no habían cometido delitos violentos y 161 sí. Aquí, en la violencia de los delitos, las pautas educativas, la personalidad, eran un buen predictor, así como la forma de emplear el ocio. Pero en el consumo de sustancias, por ejemplo, o el fracaso escolar o laboral no había diferencias. Aquí actúa más la parte social, las compañías con las que se muevan.

¿Cómo se pueden mejorar estos aspectos?

La personalidad y la conducta es lo que tú eres como ser humano, es decir, lo que quieres hacer con tu vida: si quieres estudiar, viajar, cómo quieres crecer como persona. Y luego está la relación con los demás, la responsabilidad de trabajar para ser independiente... En la educación se configura esa personalidad. Cuando una persona sale a la calle lleva consigo su personalidad: las creencias, que son lo que nos mueve en lo más profundo; las emociones, los hábitos, la conducta. Si vemos que una variable explica la reincidencia, habrá que configurar un tratamiento que trabaje esas creencias, emociones y conductas desviadas.

¿Hay algún tipo de delito en el que suelan reincidir más?

No tenemos el dato estadístico, pero el estudio refleja que la mayor parte de los delitos son contra el patrimonio, en cuyo caso serían los robos.

Según los datos de la ARRMI, actualmente solo reinciden un 11 por ciento. ¿Qué cambiará después del convenio con Instituciones Penitenciarias?
El acuerdo nos va a permitir ver si esos menores delinquen en el futuro y el nivel de reincidencia, y vamos a poder evaluar si lo que ahora está haciendo la ARRMI, con sus programas punteros es efectivo. La directora, Carmen Balfagón, lo tiene clarísimo: hemos creado las infraestructuras y los recursos, y ahora lo que hace falta es sistematizar toda la intervención. Al ver los expedientes de todos los menores, con el tipo de programas en el que han participado y durante cuánto tiempo, se encontrarán explicaciones para la reincidencia. Y se podrá evaluar la eficacia de los programas de la ARRMI.

¿Hay tantos menores multirreincidentes como se cree?
Un solo menor que cometa muchos delitos violentos causa más alarma social que la inmensa mayoría, que no volverá a reincidir una vez que haya cumplido sus medidas judiciales. Basta que haya uno que reincida para causar una alarma de gran magnitud, pero estos casos son muy pocos.
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