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Mi amistad con Antonio Buero Vallejo

Por Bernardo Rabassa
domingo 27 de marzo de 2016, 10:10h

Anoche, Lostalé dedico un programa especial, en RNE a Buero Vallejo (1916-2000), lo que me trajo a la memoria, el perfume de la olvidada por antigua, amistad con Antonio Buero Vallejo y su esposa Victoria, dentro de un selecto grupo de intelectuales, que nos reuníamos en los años 65 a 70 en casa de Alfonso Alvarez Villar, en el edificio Torres Blancas, cuyas curvas paredes impedían adaptar muebles y cuadros, causando una peculiar sensación. Su pareja, entonces, de la que tenía un hijo, Mary, cuyo padrino era Luis Gonzalez Seara, nos agasajaba a mí y a mi mujer Rosario y a los pediatras, los Garrido Lestache y allí desarrollábamos unas entretenidas tertulias, de cuyo éxito no era ajena la sabiduría de Buero Vallejo, siempre fumando su pipa, y el conocimiento de la Psicología humana que empezábamos a desarrollar Alfonso y yo, como discípulo, en la Escuela Superior de Psicología de San Bernardo, que acabamos en Facultad(la caja de cerillas) en la que velé mis primeras armas como profesor, inicialmente de Psicología del Arte, luego Social. Alfonso era un volcán de ideas y de lucidez, ayudado por Mary en la Escuela, luego Facultad. Buero, el espejo en que todos nos mirábamos. Alfonso murió en el Clínico, olvidado de todos, asistido por mi buen amigo Alfonso Ruiz Mateos.


Lo importante, empero, era lo que me transmitió Buero Vallejo, mucho mayor para mí, me doblaba en edad, 50 y varios, frente a mis 25. Yo, un niño, nacido con Franco en 1941 en una Mallorca conservadora. Buero con un largo historial, de oposición al Régimen.
Al finalizar la guerra, Buero se encontraba en la Jefatura de Sanidad de Valencia en el bando republicano, donde se le recluyó unos días. Pasó un mes en el campo de concentración de Soneja (Castellón) y finalmente le dejaron volver a su lugar de residencia con orden de presentarse a las autoridades, orden que no cumplió. Comenzó a trabajar en la reorganización del Partido Comunista, al cual se había afiliado durante la contienda y de cuya militancia se fue alejando años después. Fue detenido en mayo o junio de 1939 y condenado a muerte con otros compañeros por «adhesión a la rebelión». Tras ocho meses, se le conmutó la pena por otra de treinta años. Pasó por diversas cárceles: en la de Conde de Toreno permaneció año y medio. Allí dibujó un famoso retrato de Miguel Hernández ampliamente reproducido –cuyo original conservan los herederos de Miguel Hernández– y ayudó en un intento de fuga que le inspiró más tarde ciertos aspectos de “La Fundación”. En la de Yeserías apenas estuvo mes y medio, unos tres años en El Dueso y otro más en la prisión de Santa Rita.. Salió del penal de Ocaña en libertad condicional, aunque desterrado de Madrid, a principios de marzo de 1946. Fijó su residencia en Carabanchel Bajo y se hizo socio del Ateneo; publicó dibujos en revistas, pero ya le atraía más la escritura narrativa y, finalmente, la dramática, en la que destacó admirablemente. En los 50, había estrenado fuera de España” La tejedora de sueños, La señal que se espera, Casi un cuento de hadas, Madrugada, Irene, o el tesoro”, “Hoy es fiesta” y su primer drama histórico, “Un soñador para un pueblo”. Empezaron a representarse sus obras en el extranjero, como “Historia de una escalera” en México (marzo de 1950) y “En la ardiente oscuridad” en Santa Bárbara, California (diciembre de 1952). En 1954 se prohibió el estreno de “Aventura en lo gris”. Al año siguiente apareció en el diario Informaciones «Don Homobono», irónico artículo contra la censura. También se prohibió la representación de El puente, de Carlos Gorostiza, cuya versión había realizado Buero. Escribió En el número 1 de la revista Primer Acto apareció el artículo «El teatro de Buero Vallejo visto por Buero Vallejo». Se publicó su ensayo sobre «La tragedia».


En los 60 consiguió estrenar parte de sus obras, a pesar de la censura: “El concierto de San Ovidio”, “Aventura en lo gris”, “El tragaluz” y sus versiones de Hamlet, príncipe de Dinamarca, de Shakespeare y “Madre Coraje y sus hijos”, de Bertolt Brecht. Dirigida por José Tamayo Rivas, estrenó “Las Meninas”, que fue su mayor éxito desde “Historia de una escalera. con su obra en cartel, fue una representación de gran éxito en los 65-70, que le abrió el camino a ser el dramaturgo mas exitoso de la España de Franco. Todavía faltaban casi quince años para la muerte del dictador, que el llego a ver y a superar en veinticinco años en el 2000.


De forma, que podemos decir que en esos casi cinco años de relativa convivencia, pude alternar, con su inteligencia sutil y aprender de su maravillosa concepción de la prosa y el verso todos los contenidos, que harían de mi ya no solo un psicólogo estudioso del Psicodrama con Jacobo Moreno y con Anne Ancelin-Schützenberger, y por tanto experto en grupos de discusión, lo que pude aplicar, con notable éxito a publicidad y el marketing, dando a luz en 1967 a mi libro “Psicotecnologia publicitaria”. Por tanto, de él, aprendí además del contenido, la técnica de ser capaz de reproducir en drama, el psicoanálisis que a mi vez practicaba, con Ramon del Portillo, mi otro maestro, además de Alfonso Alvarez Villar, en ese rebuscar en el fondo de la psique humana y en su aplicación a materias, que me han permitido vivir con soltura hasta mi jubilación.


Ha sido necesario “recordar” a Buero para poder hoy interpretar las razones que orientaron mi carrera profesional. Pero hubo algo más, me hizo ateneísta, republicano y liberal, antes de mi adscripción, a través de Salvador de Madariagaen 1968 a la Internacional Liberal, en 1970, al club liberal “1980” y a la Agrupación Liberal Democrática , luego Partido Liberal en 1975, coincidiendo con la muerte de Franco. Yo no había sido represaliado pero el valor y el merito de su ejemplo, me llevaron a su lado.


Aun hay algo más. “Historia de una escalera”, que obtuvo en 1948 el premio Lope de Vega, es posiblemente una de las obras más importantes del teatro de esta época, por su carácter trágico, y por la denuncia de las condiciones sociales de vida. La obra causó gran impacto por su realismo y contenido social. En ella plantea la imposibilidad de algunos individuos de mejorar materialmente debido a la situación social y a la falta de voluntad. A mí, por el contrario me produjo el despertar de mi ambición y así digo en el prologo de la novela que estoy escribiendo; (“Romandre” en la escalera): La vida es una escalera, de la que se desconocen los tramos, Ni siquiera los pisos, que vamos a tener que subir y conocer. Es más, ni siquiera sabemos o recordamos como empezamos a subirla, pues los años borran el recuerdo. Algunas impresiones nos quedan, borrosas, difuminadas, probablemente falsas, pues nos hemos pasado la vida reconstruyéndola, para que nuestro yo, se sienta cómodo, satisfecho de sí mismo, con un extenso curriculum de los tramos recorridos, no olvidados en su esencia, pero si en la imagen que de ellos tenemos, siempre autojustificandonos, en evitación de la realidad, que es lo único cierto, aunque imposible de conocer, pues esta tiene tantas aristas como personajes, la contemplan.


Perdí, en los 70 mi habitual relación con Buero, pero algo de su personalidad y amistad, quedó entrañablemente en mi ser, ayudándome en mi carrera por la vida. Agradecerlo, pasado el tiempo es obligado. Descansa en paz amigo mío.

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