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Frente al terror

miércoles 23 de marzo de 2016, 14:25h

Matar a uno para aterrorizar a mil. O a un millón. Este es el objetivo de quienes perpetran atentados para allegar fines políticos o de otra naturaleza. ¿Cuáles serían esos fines en el caso concreto de los autores del doble atentado de Bruselas reivindicado por el llamado Estado islámico?

El menos plausible es que pudiera tratarse de una represalia por la reciente detención de Salah Abdeslam, el terrorista buscado por su presunta implicación en los atentados de París. Los expertos lo descartan aduciendo que organizar un atentado lleva su tiempo y la detención se produjo hace cuatro días, aunque no es descartable que la caída de éste terrorista pudo acelerar un plan previsto con anterioridad.

Más probable es que los terroristas hayan querido replicar a los ataques de la coalición internacional que con Francia, Rusia y los EE.UU. a la cabeza siguen bombardeando objetivos situados en el territorio que en Siria o Iraq están bajo la bota de estos desalmados. El mensaje que pretenden hacernos llegar es claro: si pueden golpear en el corazón de Europa (el atentado del Metro, se produjo a 200 metros de la sede de la Comisión Europea) es que nadie está a salvo. Es una verdad a medias. Un terrorista dispuesto a suicidarse es casi imparable, pero también hay que recordar que merced a la cooperación policial y al trabajo silencioso de los servicios de inteligencia y de las fuerzas de seguridad en diversos países de la UE han sido evitados a tiempo no pocos atentados. El impacto en la opinión pública de una matanza como la de Bruselas es grande. Amedrentador, en un primer momento. Como lo fueron en su día los atentados de París, los de Londres, el del 11 M en Madrid o los de las Torres Gemelas en Nueva York.

Pero la vida sigue y tengo para mí que el impulso que debe presidir nuestro criterio como ciudadanos es apoyar a las autoridades en todas aquellas iniciativas encaminadas a combatir en origen al Estado islámico. Tarea policial ahora en Bruselas (sin olvidar París) para rastrear la presencia de posibles cómplices o células de apoyo a quienes han perpetrado los atentados y también y muy importante: coordinación internacional para seguir con los ataques a objetivos del Estado islámico sobre el terreno en Siria y en Iraq. Y determinación para secar las fuentes de financiación de este grupo terrorista cortando la escandalosa exportación ilegal de petróleo a través de la frontera con Turquía. Amén de algo urgente que está por hacer: averiguar qué hay de cierto en la imputada conexión entre el DAESH y los integristas islamistas saudíes y los de los Emiratos del Golfo Pérsico. Averiguarlo con todas sus consecuencias prácticas en términos de revisión de las relaciones diplomáticas, políticas y comerciales que los países de la Unión Europea mantienen con estos países. Qué sepan que la cosa va en serio.

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