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Encuentros en la Tercera Fase

Por Fernando González
jueves 10 de marzo de 2016, 17:04h

¿Han calculado Mariano Rajoy y Pablo Manuel Iglesias la pasta gansa que nos cuesta el bloqueo político que ambos protagonizan? Aunque podría sumar en su debe los salarios que cobran por abortar las posibles soluciones, me refiero fundamentalmente a las funestas consecuencias económicas y sociales que provoca tan formidable atasco. El desastre se agrava con la prolongación irresponsable de la interinidad gubernamental que padecemos y el dispendio añadido que supondría volver a convocar elecciones. Demasiados millones de euros consumidos en la hoguera prendida por la sinrazón de ambos extremos del arco parlamentario.

Consumadas las dos primeras fases del procedimiento establecido por la Constitución, acabamos de entrar en una tercera fase de encuentros clandestinos. Visto lo visto, muy pocos observadores apuestan por un pacto que pueda taponar la sangría de recursos que mana por la herida de la discordia. El Partido Popular defiende que todo lo hecho por ellos estuvo bien ejecutado y que todo lo que impusieron a los demás es ahora un dogma ecuménico. Aunque algunos de los suyos opinen distinto, la dirigencia del partido mantiene que Mariano Rajoy debe encabezar la cofradía de conversos que mantenga la gobernabilidad del país en las mismas manos.

Sin embargo, por mucho que vendan ese producto sus aduladores más descarados, Rajoy lo tiene muy complicado: preside un partido corrompido hasta el tuétano, presenta unos antecedentes de despotismo y prepotencia inigualables, no ha conseguido aproximarse a ninguno de sus contrarios y parece incapaz de enfrentarse a la situación con rapidez y determinación. Sentado en su barrera de la Moncloa, fumándose probablemente uno de sus puros, Rajoy ha contemplado las idas y venidas de Pedro Sánchez. Fracasada la iniciativa del candidato socialista, parado su adversario en mitad de la plaza sin cornúpeta que torear, nuestro Presidente en funciones se dispone a resolver la cuestión a golpe de teléfono. Borrón y cuenta nueva, pensará Rajoy. A pesar de todo, volver a empezar ya no es posible. El concordato firmado por el PSOE y Ciudadanos al que se añadió Coalición Canaria, no es suficiente para merendarle la cena al político conservador, pero resulta indispensable para superar una investidura viable. El Partido Popular está solo y aislado.

Así las cosas, la coalición de centro izquierda debería buscar alianzas puntuales en los escaños situados a su izquierda. Ahí radica el segundo de los problemas. A estas alturas, los dirigentes de Podemos siguen moviéndose y nadie sabe muy bien su posición actual. En un principio vampirizaron el movimiento libertario que se concentró en la Puerta del Sol, se pasaron después al populismo totalitario de raíces emancipadoras y antieuropeístas, reivindicaron más adelante los valores de la socialdemocracia fundacional y ahora quieren emular a los partidos socialistas que gobiernan en las naciones del norte de Europa. Un batiburrillo indescifrable que, últimamente, asume también el derecho a la autodeterminación de los pueblos.

Contemplando el oportunismo estratégico de Podemos y su capacidad para concentrar en su marca las distintas vanguardias que circulan por el mundo, me explico perfectamente las dificultades que implica un acercamiento a esa nebulosa ideológica. A Pablo Manuel Iglesias le encanta dictarnos lecciones de historia y actualizar el pasado libertador que caracterizó al marxismo español. Olvida sin embargo que ciertos antecesores suyos, imbuidos de paroxismo revolucionario, dinamitaron la dificilísima estabilidad de los gobiernos de izquierda durante la Segunda República, abrieron el portón al toro negro del pistolerismo fascista y convirtieron en papel mojado aquel proyecto de cambio profundo y regeneración social. El embrollo es de tal calibre, que solo Spielberg puede idear un final feliz a estos encuentros en la Tercera Fase.

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