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Yo vice

Por Gabriel Elorriaga F
miércoles 24 de febrero de 2016, 15:27h
En medio de la confusión imperante solo destaca el señero “yo vice” de Pablo Iglesias. Ya tras el prematuro “yo presi” de Sánchez Castejón, se escuchó la voz de Iglesias Turrión con su “yo vice”. Era como si los niños del colegio jugasen a políticos y ninguno quisiera quedarse sin cargo relevante. El “yo presi” de Sánchez era consecuencia de que el candidato del partido más votado hubiese renunciado a presentarse primero a la investidura. El “yo vice” de Iglesias era el temor de que el segundo aspirante pudiera conseguirlo sin ofrecer un premio al tercer colocado. ¿Qué idea tiene Pablo Iglesias de lo que es un vicepresidente de un gobierno de coalición? Por las competencias que reclama da la impresión de que su modelo es Soraya. Yo quiero ser tu Soraya. Una petición inasumible por nadie que quiera ser algo más que un presidente honorífico para gloria de otro que quiere ser el vicepresidente ejecutivo.

Un presidente a la manera de Soraya, único y coordinador general, solo puede darse en un gobierno monocolor de mayoría absoluta. Se trata de una relación de total confianza con el presidente y sin significación política propia. Un “alter ego”. Es quien le sustituye en casos de ausencia o enfermedad, quien actúa como su portavoz y quien controla todos los servicios dependientes del llamado departamento de Presidencia. Un presidente no puede transmitir estas funciones a un personaje de otro partido, aunque se haya coaligado con él. No sería un vicepresidente. Sería un dumviro. Titular de una diarquía. otra cabeza de un ser bicéfalo que, a las primeras de cambio, dividiría el gobierno en dos.

Otra cosa son los vicepresidentes asociados, encargados de coordinar aspectos sectoriales de la gobernación. Entre nosotros ha habido vicepresidentes para asuntos económicos, para asuntos sociales, para asuntos de interior. Estos cargos no son delegaciones plenas del poder presidencial sino delegaciones parciales, fundadas en especializaciones del personaje o en aquellas tendencias en que desea hacer notar su preferencia alguno de los partidos coaligados dentro de un gobierno plural. En un gobierno de base tripartita o cuatripartita caben varios vicepresidentes asociados, inclusive tantos como partidos han entrado en el acuerdo.

Pero Pablo Iglesias no parece conformarse con ser uno entre varios, sino el vicepresidente por antonomasia. Un “vice” con más poder que el “presi”, autoproclamado sin que el hipotético “presi” haya abierto la boca para dar su consentimiento, por un derecho propio que no se sabe de dónde emana. Un derecho que le permite afirmar que la presidencia de Sánchez es como una bendición celestial y que “en las derechas no encontrarás tanto cariño”. “Esto no es una trampa, sino una muestra de amor. “Presi” el niño quiere ser “vice” porque te quiere mucho. ¿Se puede jugar a la política en estos términos?.

No estamos en un juego de niños en el recreo del cole. Este es un juego en que la apuesta es la unidad de España y la continuidad de su historia. De esta broma puede salir una España amputada territorialmente, arruinada económicamente, indefensa internacionalmente, privada de libertades y garantías democráticas, con la financiación de sus derechos sociales en peligro, con sus principios culturales rebajados y sin atractivo para las inversiones de capital. Este es el juego al que pretende apostar, con voz meliflua, el niño de “Podemos”. Un juego que no se puede satisfacer con un “tu vice” como quien da un caramelo para que se contente el nene y diga “sí” en la sesión de investidura. El “yo vice” no es un capricho ni una trampa. Es un reparto de funciones. “Tu presi” y yo me encargo de todo lo demás. El cambio es para que tú y nadie de cercanías pinte nada, ni socialdemocracia, ni centro, ni derecha. Solo nosotros, los únicos que podemos hacer el milagro de que te llames “presi” por unos meses.

Por muy inmaduros que sean los socialistas de Sánchez no pueden serlo tanto para no contestar a Pablo Iglesias que no sea tan infantil en las negociaciones de una dudosa investidura. Hacer “vices” es competencia del presidente cuando lo sea, si llega a serlo. Pretender comprometer una vicepresidencia antes de tiempo es, además de la confesión de una ansiedad prematura de poder, la muestra de una visión infantil de la política inexplicable en tan resabiado personaje, Salvo que juegue a hacerse el tonto, como mandan los cánones de la traición aplazada, hasta el día en que lleguen una elecciones en las que el “presi” quiera serlo quien hoy aspira a ser “vice” y el candidato a “vice” sea quien hoy aspira a ser “presi”.
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