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Guerra Fría

Por Javier Fernández Arribas
miércoles 17 de febrero de 2016, 16:59h

El primer ministro ruso, Dmitri Medvedev, no ha descubierto nada que no supiéramos durante su intervención, este fin de semana, en el seminario sobre Defensa de Munich al afirmar que nos encontramos en una nueva Guerra Fría entre Rusia y Estados Unidos por los conflictos en Ucrania y Siria. Lo hemos escrito más de una vez pero el reconocimiento público de esta preocupante situación puede tener consecuencias.

En principio, las perspectivas pueden ser negativas porque nadie quiere ni se puede permitir perder una guerra, y mucho menos, Estados Unidos en plena campaña electoral. Quizá, la posición de ‘patito cojo’, como se conocen a los presidentes norteamericanos en la última etapa de su segundo y definitivo mandato, pueda ser un momento más propicio a aceptar hechos consumados. Sin duda, en un ámbito de Guerra Fría entre las superpotencias, perdemos todos. El enfrentamiento indirecto en Ucrania y Siria, entre las dos superpotencias, donde las víctimas se multiplican entre los civiles crea una serie de situaciones inaceptables para una comunidad internacional que dice regirse por una serie de principios y valores. Precisamente este tipo de sustento moral se resquebraja por el enorme sufrimiento, destrucción y muerte que viven millones de seres humanos. Más de 250.000 pierden sus vidas, más de 11 millones las malviven. El primer ministro ruso no reparó en amenazas cuando vaticinó una guerra permanente en Oriente Próximo, y, ¿quién sabe?, afirmó, si una tercera Guerra Mundial.

Lo más paradójico es que la soberbia del mandatario ruso no sorprendió a casi nadie, a pesar de que pocas horas antes, en el mismo escenario alemán, se había llegado a un frágil alto el fuego en Siria, que muchos dudan entre en vigor a final de esta semana como está previsto. Las tropas del dictador sirio, Bachar Al Asad, necesitan tiempo para consolidar sus conquistas militares en la zona norte de Alepo y, como afirmó en una entrevista el propio dictador, recuperar todo el territorio. En cualquier caso, lo que nadie parece dudar en estos momentos es que la guerra la ha ganado el dictador sirio con el imprescindible apoyo de Rusia.

El presidente Vladimir Putin se prepara para cantar victoria pero debería esperar a que se acabara de verdad la guerra con el final del control de los grupos terroristas del Daesh y del Frente Al Nusra en distintas zonas de Siria y de Irak. Eso sí, la economía rusa está destrozada por el precio del petróleo.

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