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Rajoy y el PP quieren nuevas elecciones

lunes 28 de diciembre de 2015, 16:42h

El presidente en funciones y candidato del Partido Popular sabe que no puede gobernar con el resultado del 20 de diciembre. Ni él ni ningún otro candidato: a las matemáticas de escaños del Congreso hay que añadir la mayoría absoluta que ha conseguido el PP en el Senado, esa Cámara inútil que serviría para estorbar y entorpecer aún más cualquier alternativa que no partiera del bando popular.

La España que salió de las urnas hace apenas diez días es ingobernable y a falta de un gran acuerdo institucional que sumara dos tercios del Congreso ( 233 escaños ) para afrontar en el plazo de 18 meses la aprobación de las reformas básicas que necesita la Constitución y la Ley Electoral entre otras, con el consiguiente Referéndum nacional ( en el que podría meterse el tema catalán ) , y la disolución de las Cortes; todo apunta a unas nuevas elecciones generales, una especie de " segunda vuelta" a la francesa en la que los votantes tendrán que elegir entre " perder" sus votos o sumarlos a las siglas que consideren ganadoras.

El 20-D la históricamente castigada Izquierda Unida y sus socios en Unidad Popular " perdieron " 733.868 votos en 51 circunscripciones electorales. Solo le valieron sus casi 190.000 apoyos en la Comunidad de Madrid para conseguir sus dos escaños. Injusto si lo miramos a nivel nacional y lo comparamos con otras formaciones pero real por la mezcla de la Ley D'Hont y la estructura de las propias circunscripciones, pensados ambos factores para favorecer el bipartidismo.

Algo parecido le ha pasado a Ciudadanos con 570.000 de sus votos, a UPyD con sus 153.000, y al PACMA con sus 219.143. Apoyos ciudadanos que no se convirtieron en escaños y que si se repitieran dentro de unos meses correrían la misma suerte.

Los partidos y formaciones medianas pequeñas tienen " sitio" en las elecciones municipales e incluso en las autonómicas que son uniprovinciales. En las generales son aplastadas sin piedad por los grandes. Estar en tercer y cuarto lugar en una provincia te lleva al fracaso. Se salvan los dos primeros, y eso es lo que les ha pasado al PP y al PSOE pese a su pérdida conjunta de más de nueve millones de votos, que son los que han nutrido de forma principal las alforjas de Podemos y Ciudadanos.

Creo que la principal característica de Mariano Rajoy es la paciencia. Y ahora sabe que con ella como su mejor arma puede alcanzar en una repetición de las elecciones a finales de mayo o principios de junio unos resultados mucho mejores. En el PP creen a pies juntillas que la mayor parte de los tres millones y medio de votantes de Ciudadanos son de antiguos votantes suyos, y que una gran mayoría pueden volver a darles su apoyo para intentar un gobierno estable.

Si ese trasvase se produjera de forma global y el 13,93 % conseguido por el partido de Albert Rivera se sumara al 28,72% conseguido por el PP, las posibilidades de gobernar de Mariano Rajoy con un 40% serían muy altas. La incógnita está en el número de votos que " volverían" a los populares desde la formación naranja en aras a la gobernabilidad que el propio Rivera está pidiendo, aún a costa del futuro de sus siglas; y de la previsible reacción que se produciría en el polo opuesto, si bien es verdad que es mucho más fácil que desde Ciudadanos vayan votos al PP que lo hagan desde Podemos al PSOE o desde el PSOE a Podemos. En la izquierda el beneficiario sería el conglomerado que ha articulado Pablo Iglesias al que pueden llegar una buena parte de los votos que han apoyado a Alberto Garzón al frente de las candidaturas de Unidad Popular. Y el gran perjudicado sería el PSOE.

Hace cuatro años con un 44,62% de los votos Mariano Rajoy conseguía la mayoría absoluta de 186 escaños, gracias también a la caída espectacular de los socialistas. Con menores diferencias entre los partidos como ocurrió en 1993 y 1996, el 39% te aseguraba la victoria - que es lo que lograron Felipe González y José María Aznar - y casi el gobierno. Uno y otro lo consiguieron gracias al apoyo de la entonces CiU de Jordi Pujol.

En este " juego de prospecfiva" en el que PP y Podemos ganarían y PSOE y Ciudadanos perderían, con un país cansado de elecciones y deseoso de gobernabilidad y mejoras concretas en su vida diaria, los escaños que podrían conseguir cada uno de los protagonistas obligaría a " mojarse" y no " abstenerse" en el Congreso de los Diputados, sobre todo porque lo lógico sería que en el Senado se repitiera la mayoría absoluta del PP.

¿ Seria posible entonces una gran alianza entre populares y socialistas con un cambio obligado de liderazgos que hiciera posible la gobernabilidad de España y las reformas que necesitamos?. ¿Se abriría pasó una alternativa de izquierdas con una suma de Podemos, socialistas y el resto de fuerzas nacionalistas de Cataluña y Euskadi?. A. As preguntas tienen respuestas y conducen a una España muy diferente. Hasta ahora los personalismos y los miedos lo han hecho imposible, a lo mejor o a lo peor dentro de unos meses a los políticos y a los partidos no les queda más remedio.

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