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Macarrismo y Macartismo

Por Manuel Pascua Mejía
miércoles 16 de diciembre de 2015, 17:56h
Soraya, Moragas y los capitostes del PP, del manilargo PP, salieron en tromba a defender al indefendible presidente Rajoy y a despachar rápida, huera y fácilmente al oponente.

No me gusta Sánchez, lo he dicho desde el minuto uno, básicamente porque lo encuentro mal preparado -mejor que Rajoy sí está, pero es que mejor preparado que Rajoy está el hemicirco entero- pero me gusta menos que los manilargos, los que llevan décadas metiendo mano en la caja de los españoles, aceptando sobornos y comisiones, se vayan de rositas tras haber ganado las elecciones dopados, haber reformado un edificio en una de las zonas más caras de Madrid con dinero negro, haber tenido de vicepresidente a un chorizo, haber tenido de ministro a un ladrón encarcelado, haber tenido de presidente autonómico a otro que tal baila, haber hecho tantos favores al IBEX 35 que cada vez que alguien cae en desgracia acaba ahí con algún carguete bien remunerado.

Sí, le llamó indecente. El problema de Sánchez es que es mal orador y no supo rematar la faena: al "hasta aquí hemos llegado" tenía que haber replicado “¿Qué quiere decir con eso? ¿Me va a echar del plató como ya me echó del Parlamento? Porque en realidad hasta aquí hemos llegado es lo que debió decir Ud. cuando se enteró del primero de los incontables chanchullos, robos, sobornos y cohechos de su gente; sin embargo, mandó sms de apoyo y se puso de perfil. Eso se llama connivencia o, en el peor de los casos, complicidad”.

Sintiéndolo mucho, nuestro presidente es un gobernante indecente, con todas las letras, porque la decencia no está en sms animando al ladrón, ni se esconde en plasmas lejanos o en insultos a Rosa Diez día sí día también desde la tribuna del congreso de diputados. La decencia no es compatible con la tibieza de carácter, de mentalidad y de gestión del presidente hoy en funciones Rajoy. La decencia no pasa por el sistemático no sé, no contesto, ya tal. En la vida, ante los problemas las personas decentes damos la cara, asumimos responsabilidades y corregimos los errores. Los indecentes simplemente dirigen el PP (actual).

Rajoy, presidente del PP por cooptación, no ha movido una ceja ni tan solo una pestaña para ahondar y clarificar en la cantidad de excreciones y corrupciones que hay en su partido, en su gente, elegida por él a dedo; una corrupción que es capilar en su estructura hasta el más pequeño pueblo porque tal es la única forma de acumular tanta porquería y la que sigue saliendo –sinvergüenzas que van de número dos en las listas de hoy o que ensucian la carrera diplomática cobrando por gestiones que un embajador debe hacer de oficio- y la que seguirá saliendo.

Los peperos, fariseos blanqueados, gritan blasfemia porque se les llama indecentes: qué otra palabra, voz, acepción se puede usar contra el mandamás de un partido que mete mano hasta en la caja del betún? Rajoy es indigno como presidente de gobierno e indecente como mandamás de un partido lleno de heces. Se rasga las vestiduras porque le llaman indecente cuando es lo que pensamos 75 de cada 100 españoles. Supongo que los otros 25 son una mezcla incómoda de prosélitos, cómplices, feligreses y bonachones.

En la antigua mili, cuando te daban “la blanca” al licenciarte se podía leer VALOR: se le supone, es decir, que al no haber entrado en combate al soldado se le suponía valeroso. En la vida pasa constantemente con los principios morales: a todos se nos pre-suponen, pero es necesario que cuando llegue el momento de la verdad estemos a la altura.

Es fácil ser honrado cuando no hay tentaciones; lo jodido es serlo cuando basta una firmita, una llamadita de teléfono, una reunión o simplemente una mirada para otro lado para que una transacción sea ilegal y para que una parte no menor de esas ilegalidades acabe en las arcas de los aPPandadores: cuando uno tiene o ha tenido a cinco tesoreros cinco imputados por los mismos delitos, no es suficiente con mirar a Cuenca, poner cara de panoli y hacerse el ofendido cuando la oposición le reclama, justa y frontalmente, por sus responsabilidades. Pujol ya no es honorable y Rajoy tampoco.
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