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Un perfecto reflejo de nuestra pobre cultura política

Por Enrique Gomáriz Moraga
miércoles 16 de diciembre de 2015, 10:21h

Visto desde fuera de España, el cara a cara de este lunes me ha producido una enorme vergüenza. Los comentarios a mí alrededor no han dejado títere con cabeza: no sólo los contendientes se han cubierto de gloria, también el moderador y la propia TVE han salido por dentro. Un feo tomatazo para la marca España.

Comenzando por el final, una de las cosas que más se han comentado negativamente ha sido precisamente la sobreactuación de TVE. ¡Pero qué les pasa a estos españoles, por qué hacen tanta alharaca por un cara a cara, algo tan normal en otros sitios del mundo! Y qué decir de la lectura posterior, ya iniciada por el que supuestamente moderaba: ¡un vibrante debate! afirmaba un Campo Vidal que no supo arbitrar el encuentro en ningún momento. Un completo desastre audiovisual que podrá mostrarse por mucho tiempo como un ejemplo a evitar. Por cierto que no sólo bajaron el nivel en TVE, también algunos medios escritos resbalaron estrepitosamente: la parcialidad del diario El País le llevó a considerar un acorralamiento dialectico lo que únicamente fue un ataque barriobajero.

¿Y qué decir de los contendientes? Para el joven aspirante todo valía. No importaba que insultara la inteligencia (confundiendo datos o rescates) o mintiera descaradamente. La única estrategia consistía en atacar, atacar, atacar. Y el maduro defensor resulta que no supo defenderse. Cuando levantó las manos y dijo “¡hasta aquí hemos llegado!”, tenía tres opciones: levantarse de la mesa (que es lo que deseaba hacer), responder con elegancia, o devolver el ataque personal. Desconcertado como estaba, sólo alcanzó a hacer lo último. Con lo que el debate se convirtió de inmediato en una pelea de perros.

Creo que hay que aclarar una cosa de inmediato. En otros países existe una colección de insultos que se emplean en los debates, aceptados convencionalmente, y nadie se ofende porque se utilicen. Pero incluso en esos contextos, las salidas de madre no son bienvenidas. Y lo que sucedió este lunes fue exactamente eso: la utilización del insulto de mal tono, que rebaja el nivel de la discusión. Por eso creo que si Rajoy se hubiera levantado de la mesa, diciendo que él no estaba ahí para ensuciar el debate, que en buena medida significa enlodar la política, tal vez hubiera sido mejor que prolongar el penoso espectáculo. Pero en eso, como en tantas otras cosas, Rajoy no llegó bien preparado. Quizás se confió demasiado.

En todo caso, no debemos sorprendernos. Este bodrio se inscribe perfectamente en el cuadro de la pobre cultura política que posee el país. No hay duda de que sigue primando el sectarismo, la banalización, el todo vale, la cultura dialéctica del ¡Y tu más! ¿Tendrán alguna idea del daño que le hacen al país con estas muestras de esperpento político? Sinceramente, lo dudo.

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