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Menos mal que hay filósofos

sábado 17 de octubre de 2015, 15:49h
No es muy frecuente leer artículos de los filósofos sobre la gran crisis española de esta década. La mayoría de los análisis suelen ser de economistas, abogados... cómo no, de periodistas e incluso de políticos metidos a tertulianos. Aunque solo fuera por eso, habría que darle la bienvenida a un artículo del filósofo José Luis Pardo en el diario El País, titulado La pobreza política, donde viene a decir que la antipatía prosaica de los partidos y la poética revolucionaria de los movimientos son síntomas del deterioro en el entorno público causado por la crisis económica.

Por su cuidado estilo, también por su original perspectiva, es un artículo que merece la pena. Digamos que, en medio de millones de tuits, gritos y disparates, se agradece leer artículos que requieren un lápiz para ir haciendo subrayados. Su único problema tal vez esté en que diagnostica de manera certera pero no da una solución, lo cual hay que saber comprender, ya que para dar soluciones se supone que están los políticos a los que critica y no los filósofos que o bien permanecen callados o que, como en su caso, levantan su sabia voz.

El filósofo José Luis Pardo, un eminente ensayista español, que ha sido Premio Nacional de Ensayo 2005 por su libro La regla del juego y que atesora muchos otros méritos personales y profesionales, es un convencido de que la pobreza de la política no está reñida con la abundancia de la poesía, y que ésta va por barrios, como los arrechos corridos mexicanos, podría añadirse.

En un país como España donde no hay consenso económico ni sobre su penoso diagnóstico y en el que el Gobierno y la Oposición apenas coinciden en otra cosa que no sea reconocer que hay mucho paro -incluso discrepan sobre la desigualdad y eso que hablamos de datos y ratios-, tal vez sólo nos queda volver la vista a los filósofos y darles -darnos- descanso a tantos políticos, economistas y periodistas incapaces de salir del bucle que conduce a ninguna parte. Una vez más gana The economy, stupid (La economía, estúpido), aquel mensaje ganador de la campaña que en 1992 llevó a Bill Clinton a la presidencia de la primera potencia mundial, dejando al pobre George H. W. Bush (padre) en la cuneta.

¿Quién será el Clinton español? Parece que José Luis Pardo solo quiere ser filósofo.
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