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Ensayo sobre el intelectual de España

Por Bernardo Rabassa
domingo 11 de octubre de 2015, 14:10h

Ser intelectual, es, en cualquiera de las ramas de la cultura un pensador critico que evalúa su entorno, desde el punto de vista de la crítica del pasado y de la proposición de futuro, naturalmente el intelectual está ligado a su tiempo de vida y a su visión cosmológica de su mundo y de su universo, desarrollando una teoría filosófica, mítica y religiosa, del pasado, presente y futuro de España y de la sociedad Española. El origen etimológico de la palabra cosmología es griego, viene de “cosmos” con el significado de orden y “logos”, de tratado, siendo el estudio o tratado sobre el universo, su origen, estructura, leyes que lo rigen, lugar del hombre en el mismo, y destino. Una de las funciones que los intelectuales públicos deben desarrollar es, según Amitai Etzioni, cuidar de las "communities of assumptions" ("suposiciones colectivas") que sostienen los ciudadanos. Además de ello, renovar, recrear, rehacer, reconstruir, abrir, imaginar o transformar esas asunciones sociales compartidas que, resistentes al cambio, tienden a rutinizar su existencia en términos de tradiciones establecidas. El intelectual, al abrirse a las interpretaciones alternativas de la realidad, amplía la perspectiva de los ciudadanos y trata de transformar el mundo mediante la palabra

Y la pregunta es ¿Existen intelectuales en España ahora mismo que entusiasmen al pueblo español, por sus propuestas utópicas?, que aparentemente están contenidas en la democracia de partidos. Lo cierto es que salvo, definiciones de izquierda y derecha, pocos o nadie propone un plan de vida humana bien construido, coherente y potencialmente realizable, si no que, desde el punto de vista de izquierdas o derechas, se preocupan más por la economía, por una vida placentera, donde el Estado sustituya con su protectorado al esfuerzo individual y al merito y al éxito ya sea económico, ya cultural, mientras se olvidan de filosofías de vida, valores, libertad y mitos educativos, que garanticen la supervivencia de la sociedad española, en solidaridad con un mundo hoy más global que nunca, pues está creciendo la población en proporción casi geométrica y un intelectual debe preguntarse si es posible que haya un futuro armónico, que permita a todos los pueblos de la tierra vivir en paz y con abundancia.

¿Sería posible hoy llenar un teatro como lo hacía Ortega y Gasset con publico enfebrecido?. Parece que no, pues la televisión ha sustituido claramente al contacto humano, provocando el cierre de teatros, limitando los actos culturales y difundiendo una subcultura de entretenimiento, individual y egoísta, sin otro debate que el que nos ofrecen las cadenas, de aquellos que se consideran VIPS, normalmente de la prensa rosa, periodistas políticos, que escriben exclusivamente sobre lo que es noticia, que si nos damos un paseo por los distintos medios de prensa, radio o televisión es prácticamente todo lo mismo, sin alternativas intelectuales que tengan gran difusión.

Esa es la primera reflexión de este ensayo, lo lamentable de la cultura que se difunde desde los medios, cuyo objetivo es solamente crematístico, además de depender de un partido o bandería que solo busca que el pensamiento colectivo sea adocenado y que la sociedad la constituyan una inmensa masa de borregos de lo que lo importante son los votos o el mero consumismo, si se trata de empresas comerciales.

El término fue acuñado en Francia durante el llamado affaire Dreyfus (finales del siglo XIX), inicialmente como un calificativo peyorativo que los anti-dreyfusistas usaron contra Emile Zola y los partidarios de que la Republica pensase, con el término “yo acuso”. Termino que podíamos utilizar hoy mismo contra la corrupción que ha traído la Transición, como consecuencia de las Leyes de la Constitución de 1978 en que el poder y el dinero, han ido a una democracia de partidos “La Casta”, que han limitado las libertades individuales, para favorecer subvenciones a la sociedad, que ha pasado de ganarse el pan con su esfuerzo a buscar el “enchufismo” más descarado, remunerando a los partidos con su voto, dada la aceptación de conceptos como son la gratuidad de servicios del Estado, Estudios, Sanidad, protección social etc, que cuando ha habido que recortar porque se acabó la burbuja inmobiliaria y las ayudas europeas, han creado movimientos sociales, anti, como Podemos, o Ciudadanos, siempre en el plano de la socialdemocracia o el marxismo, al fin y al cabo obra de intelectuales del S. XIX como Marx o Engels, ya rancios y fracasados, en sus aplicaciones comunistas.

La historia de la intelectualidad en España, comienza con los Ilustrados en tiempos de Carlos III como fueron Jovellanos y los diputados de las Cortes de Cádiz de 1812, que dieron como resultado a “La Pepa” visión cosmológica del español y de sus libertades. La constitución establecía la soberanía en la Nación (ya no en el rey), la monarquía constitucional, la separación de poderes, la limitación de los poderes del rey, el sufragio universal masculino indirecto, la libertad de imprenta, la libertad de industria, el derecho de propiedad o la fundamental abolición de los señoríos. En el Siglo XIX y principios de XX En el ámbito hispánico, el papel de los intelectuales fue decisivo en los últimos movimientos independentistas (Martí y Rizal); mientras que en la metrópoli alcanzaba gran influencia el krausismo, la corriente de pensamiento progresista que se sustanció en la Institución Libre de Enseñanza (Giner de los Ríos); frente a la que se articuló la corriente de pensamiento reaccionario de los neocatólicos (Menéndez y Pelayo). Tras el desastre del 98, con gran repercusión pública, se insistió en la reflexión intelectual sobre las causas del fracaso histórico de España y su posible remedio, en lo que ve denominó regeneracionismo (término ambiguo, con el que, junto a los políticos que protagonizaron la crisis de la Restauración, se etiquetan tanto científicos -Cajal- como movilizadores sociales -Costa- y literatos -generación del 98.

La guerra civil española (1936-1939) fue una ocasión señalada. La Alianza de Intelectuales Antifascistas consiguió realizar reuniones internacionales de apoyo en Madrid y Barcelona en julio de 1937, con la presencia de Hemingway, Malraux, Neruda, Vallejo, Octavio Paz, Louis Aragon, etc. Fue muy larga la nómina de los intelectuales o artistas de todos los ámbitos que pasaron por la retaguardia republicana: Errol Flynn, John Dos Passos, Ksawery Pruszyński, Hermann Joseph Muller, George Orwell, etc. Machado -Antonio y Manuel), aunque entre los dos bandos se situó un número significativo, que no se sentía cómodo en ninguno (la denominada Tercera España): significativamente, los tres fundadores de la Agrupación al Servicio de la República (un claro ejemplo del papel de los intelectuales en la vida pública: Ortega, Marañón y Pérez de Ayala), se fueron distanciando del bando republicano, y tras la victoria de Franco procuraron una discreta integración en la vida intelectual del interior. La figura de Ortega, plenamente integrada en la intelectualidad europea, se había hecho notar desde su juventud, por una significativa polémica con Unamuno (sobre "europeizar España o españolizar Europa" -que inventen ellos-), inserta en el más amplio desarrollo del debate intelectual sobre el ser de España.

A finales del XX y comienzos del XXI en ámbito hispanohablante han tenido un fuerte protagonismo "boom latinoamericano" García Márquez, Vargas Llosa, Fuentes, Cabrera Infante, Cortázar, Sabato o Benedetti o españoles como Camilo José Cela, Enrique Krauze, José Luis Sampedro, José Saramago, Agustín García Calvo, Ignacio Ramonet, Fernando Savater y Álvaro Pombo Habrá más pero son casi desconocidos. Con una fuerte influencia internacional de Francis Fukuyama, Samuel P. Huntington, Günter Grass, Anthony Giddens, Nicholas Negroponte, Hayeck , Karl Popper.

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