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Nos quemamos todos

Por Javier Fernández Arribas
martes 11 de agosto de 2015, 16:39h
Ver un incendio sobre el terreno impresiona y deja huella. Te marca de una manera difícil de explicar que transita desde la pena por los árboles y vegetación quemados a la rabia iracunda de castigar al malnacido que lo ha provocado. No puede haber medias tintas en un problema donde nos quemamos todos. Hemos asistido en los últimos días a la tragedia de la sierra de Gata en Extremadura. “Se nos ha quemado nuestro Museo del Prado. Ahora de qué viviremos”, decía un pesaroso lugareño, pesimista por su futuro y el de su familia.

Precisamente, yo lo escuchaba en el coche, acompañado de mi familia cuando volvíamos del mítico “Fin de la tierra”, de Finisterre o Fisterra y veíamos como unos árboles, cerca de Santiago de Compostela, ardían sin parar. Unas veces en un sitio y, al poco tiempo, en otro dentro de la misma región. Las humaredas marcaban el lugar donde la depravación humana se mofaba del sentido común y de los intereses de todos, no solo de los gallegos o de los extremeños, de todas las personas que habitamos España, Europa y un mundo donde la avaricia no puede vencer la habitabilidad de nuestro entorno y la preservación del medio ambiente.

Habíamos pasado por lugares que, hace poco tiempo, ya sufrieron la devastación del fuego y su aspecto era depresivo e indignante. El olor a humo incrementaba nuestra ira por lo que todos estábamos perdiendo entre esas llamas. Me preguntó mi hijo: ¿por qué hay gente que provoca los incendios? Su madre y yo le explicamos que la codicia humana hay veces que no tiene límites e intenta beneficiarse aunque perjudique a todos, incluso a ellos mismos sin que les afecte lo más mínimo.

Dejando a un lado a los pirómanos, aquellos que tienen la enorme desgracia de disfrutar con el fuego y lo provocan, los que prenden la mecha o pagan para que otros delincuentes lo hagan son los que merecen un castigo severo, como prevé la Ley. Nada de recalificar los terrenos quemados, nada de vender la madera afectada, nada de nada y con el mayor rigor posible para evitar, un verano tras otro, la tragedia de los incendios.

En Galicia, 70 focos se produjeron durante el fin de semana. Yo presencié tres in situ con la convicción de que debemos insistir en la concienciación general del valor de lo que perdemos y el tiempo que cuesta recuperarlo.
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