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A modo de disculpa

Por Benito Fernández
jueves 06 de agosto de 2015, 23:47h

Algunos de mis fieles lectores, que los hay, me han echado en cara el excesivo nivel de crítica que destilan mis artículos cuando llego a mi pueblo cada mes de agosto. He de reconocer que, efectivamente, me suelo pasar de rosca exagerando situaciones que, en circunstancias normales, no serían motivo de comentario alguno. Todos los años me pasa lo mismo. Los primeros días en Arjona se me hacen eternos hasta que uno comienza a cogerle el punto a una situación que, pese a no ser envidiable, tampoco es como para hacerse el harakiri. Es totalmente falso que, como afirmaba en mi anterior artículo, Arjona sea un lugar parecido, a no ser por el inclemente calor, a Irak o Siria. Las comparaciones siempre son odiosas y algunas como ésta aún más. Mis más sinceras disculpas si he herido alguna susceptibilidad local o foránea. Siendo realista, Arjona se asemeja más al Monasterio de Silos por lo que conlleva para mi persona el recogimiento y la meditación. Y reconozco que soy yo el único culpable de ello. Suelo venir en escasas ocasiones y, con la mayoría de mis antiguos amigos de la niñez fuera, apenas si tengo contacto con otros arjoneros con los que, aparte del saludo y del típico comentario sobre el calor, el fútbol o las fiestas que se avecinan, apenas si me unen motivos de conversación.

Por ello, he decidido que lo mejor en estos días, hasta que comience el periodo festivo de la Fistasantos, allá por el día 11 con el traslado de las Reliquias, es sumirme en el ostracismo amparado por el aire acondicionado de la casa materna y leerme de un tirón las diversas sagas históricas sobre Ramses, César o Teutoburgo, que mi angel de la guardia,Yiyi, el hijo de unos amigos, se ha dignado bajarme a mi e-book engrosando mi biblioteca particular y transportable por encima del centenar de novelas. Nunca le estaré lo bastante agradecido. Eso sí, cuando acabe mi estancia en Arjona voy a ser todo un experto en Egipto, en la Roma de los Césares, en los Reyes Malditos o en las Cruzadas, todos ellos temas mucho más interesantes que los pormenores de la política nacional o andaluza siempre tan aburrida y monótona.

En este cuarto día de estancia en mi retiro estival hay dos noticias que quería comentarles porque suponen novedades dignas de tener en cuenta y que afectan a esta pequeña comunidad de andaluces demasiado olvidada por los poderes públicos. La primera es de tipo local y se refiere a las fiestas que están a punto de comenzar. A media mañana, un coche con altavoces recorría las principales calles del pueblo lanzando al aire notas de canciones populares que se suelen interpretar por la banda que acompaña a las Hermanos de los Santos. Sones del “tócame la pilila”, “el gallo de tranquillas” o “cuatro patas tiene un gato” me retrotrayeron a otras épocas, medio siglo atrás, en las que todos los niños esperábamos ilusionados la quema de Daciano, el día 19, con la que se abrían los festejos de Fiestasantos.

La otra noticia es más importante en cuanto que atañe no solo a los cinco mil habitantes de esta ciudad, sino a buena parte de los consumidores españoles. El precio del aceite de oliva virgen extra ha superado en origen los cuatro euros, algo que no ocurría desde hace más de una década. La pésima campaña del pasado año, unida a las malas expectativas de la próxima cosecha, ha hecho que se disparen los precios a límites que nadie se imaginaba hace tan sólo unos meses. Es la ley de la oferta y la demanda. Ante la escasez del producto, subida de precios. Es una pena que en los bdones de las distintas cooperativas arjoneras apenas quede aceite para vender porque este aumento podría darle un impulso importante a la depauperada economá local. Pero no nos engañemos porque, como la monedas, todos estos asuntos tienen dos caras, una buena y otra no tanto. Puede ocurrir que, ante un aumento desmesurado de precios, el mercado, siempre tan fluctuante y manipulable, comience a dar la espalda al preciado oro líquido del que depende buena parte de la economía de toda esta provincia decantándose por otras grasas vegetales de menor calidad. Habría que andarse con pies de plomo porque en estas coyunturas los que más provecho sacan no son los productores, quienes reciben las migajas, sino los grandes distribuidores que son los que se hacen de oro vendiendo a altos precios estockajes que tienen almacenados hace un par de años y que venden ahora como aceite recién recogido. Habrá que estar ojo avizor para que no nos vuelvan a dar, como es habitual, gato por liebre.

Por cierto, y haciendo un inciso, ya han visto el panorama que refleja el CIS sobre las elecciones generales de diciembre. El pacto entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, entre el PSOE y Podemos, es la baza más probable que dirija los destinos de este país, todavía llamado España, a partir de enero de 2016. Lo alucinante es que este pacto es el preferido por más de la mitad de los encuestados. Ello nos leva a una conclusión bastante desmoralizadota. Aquí y ahora, los españoles no aprendemos de los repetidos fracasos. Somos como el burro que tropieza, no una ni dos, sino doscientas veces en la misma piedra. Si todo ello se acaba confirmando lo mejor que podríamos hacer es invertir nuestros ahorros en una casita en el campo con huerto y animales y aguantar el tirón hasta que vuelva la cordura a los electores.

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