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¿Libertad o libertinaje?

¿Libertad o libertinaje?

Por Ismael Álvarez de Toledo

jueves 02 de julio de 2015, 10:52h

El concepto de libertad que pueda tener alguien que vive en este siglo, viene determinado por la cultura, la educación y, sobretodo, por la imagen que la sociedad refleja tanto en la calle como en los medios de comunicación. Aunque no es menos cierto, que siempre hubo y habrá un indeterminado porcentaje que entienda la libertad como algo intrínseco a sus ideas, pero no para ser compartidas con el resto.

Siempre he considerado la libertad personal como una forma de vida, como una forma de interrelacionarse los seres humanos, incluso compartiendo, debatiendo, criticando o denunciando actitudes irregulares, pero siempre desde la más absoluta libertad y respeto a las ideas de los demás. Alabo las doctrinas del que piensa diferente a mi, porque de él voy a conocer, muy probablemente, otra forma de entender las cosas. Me interesa sobremanera conocer lo diferente, aunque sea rayando en los extremos, porque tendré mayor capacidad de reacción para actuar en mi conveniencia. Pero dentro del amplio abanico de libertades que nos hemos dado los seres humanos, ya sean más o menos compartidas, no comulgo, ni entiendo las actuaciones vandálicas y sacadas fuera de contexto de determinados colectivos que viven y claman por y para la libertad.

Desde que tengo uso de razón, he convivido con familiares y amigos de una opción sexual diferente al resto, una opción sexual que hoy en día es un orgullo para algunos, pero que en aquellos años sesenta, y en un pueblo de la España rural, era poco menos que llevar la estrella amarilla de cinco puntas que les ponían a los judíos en la Alemania nazi. No es ninguna exageración, amigo lector, ya que el que no tenía rasgos o ademanes afeminados podía entrar y salir del armario a su conveniencia, pero el que padecía o sufría la denominada “pluma” cargaba con un sambenito impropio de un mundo civilizado. Quiero exponer con esto, que mi compromiso con los homosexuales, heterosexuales, bisexuales, y todo el amplio abanico del panorama sexual, no delictivo, es total. Considero que cada uno debe hacer lo que le parezca y vivir su sexualidad libremente y con quien le de la real gana.

Lo que de verdad no entiendo, y ustedes me perdonarán, es la necesidad que tiene cualquier colectivo de hacer el “mamarracho” para reivindicar su libertad sexual. He escogido esta palabra de nuestro diccionario, porque creo que es la que mejor define la conducta de muchas personas en las celebraciones del denominado “orgullo gay”. Mamarracho: Persona que viste o se comporta de forma ridícula, generalmente para hacer reír a otros. Persona que carece de formalidad y compostura y no merece ser tomada en serio ni ser tratada con respeto.

Ciertamente es lo que considero, a tenor de las muchas imágenes que llenan estos días las redes sociales y algunos diarios. Y lo considero así, porque nadie ha sabido explicarme que parte de orgullo lleva a un gay a mearse en el Oso y el Madroño de la Puerta del Sol, como no considero un orgullo disfrazarse de reina de cuento de hadas, o hacer de una reivindicación social una carnavalada. Lo considero así en base a dos cosas: Una porque pienso que el sufrimiento que han padecido a lo largo de la historia los homosexuales en España, por concretar, no merece esa falta de respeto hacia ellos mismos. Creo que esa burla, más que al sistema, es al dolor de aquellos que sufrían los palos de los guardias en los pueblos, al desprecio de sus familiares y amigos, a los que padecieron cárcel por no poder ocultar la naturaleza de su condición afeminada. Y dos, porque pienso que la celebración del orgullo gay, es poner una etiqueta, una marca, una tara, en lo que ha de entenderse tan cotidiano y normal como el sentido común, aunque éste sea el menos común de los sentidos.

La libertad es el más preciado don que tenemos los seres humanos, quizá porque aún siguen en el mundo demasiados conflictos por obtenerla. La libertad hay que entenderla en su primigenio concepto. La libertad no es una bandera, no es una estatua para turistas, no es un reclamo de camiseta. La libertad es un derecho de la naturaleza humana, y es tan malo mancillar su nombre, como exaltar la guerra.

Muy probablemente, moriré sin entender a mis semejantes, seguramente, porque el mundo no se entiende a sí mismo, y los que habitamos en él ponemos poco de nuestra parte. Seguiré defendiendo los derechos y libertades de los ciudadanos, que un día juré solemnemente. Pero con la misma fuerza, me opondré a cualquier actitud, por reivindicativa y moderna que sea, que atente contra la razón, la lógica y el buen comportamiento. Y seguiré pensando, con respeto, que el orgullo de ser igual al resto no es patrimonio de ningún colectivo, es un derecho de todos los seres humanos.


Ismael Álvarez de Toledo

periodista y escritor

http://www.ismaelalvarezdetoledo.com

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