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Pobres de solemnidad

Pobres de solemnidad

Por Pascual Hernández del Moral

sábado 13 de junio de 2015, 09:54h
Pobres ha habido siempre. Incluso, los pobres españoles de los Siglos de Oro eran altivos y jactanciosos. Se decía que los pobres españoles, frente a los franceses, alemanes o italianos, no pedían, sino que exigían la limosna. En algunos casos, la pobreza, enemiga de la hidalguía, había que esconderla si se quería seguir gozando de un cierto predicamento social. Pienso ahora, por ejemplo, en el hidalgo pobre, del LAZARILLO DE TORMES.

El concepto de POBRE DE SOLEMNIDAD es de la segunda mitad del XIX, y con el que designaba a quien tenía derecho a la justicia gratuita, por carecer manifiestamente de medios de fortuna. Eran los OFICIALMENTE POBRES, pobres “con carnet”, que les acreditaba para recibir, amén de justicia gratuita, otros beneficios sociales. Cuando yo era niño, allá por los años cincuenta, había en mi pueblo POBRES OFICIALES que recibían de las monjas beneficios como comida y ropa, y el Ayuntamiento obligaba a los médicos del pueblo a que los visitaran de balde, y los boticarios les daban las medicinas imprescindibles para que no se murieran de pie. Más mal que bien, estos pobres de solemnidad, iban arrastrando su miseria hasta que se morían en un asilo.

Según avanzaba el siglo XX en España se creía que la miseria iba a desaparecer, y más aún con la burbuja de la construcción: ya nunca más habría pobres, ni de carnet ni de los otros, aunque se siguiera manteniendo la “justicia gratuita”; los problemas de salud serían atendidos por la sanidad pública, que atendería a todo el mundo. Y las medicinas serían todas gratuitas.

No ha sido así, porque nunca salen las cosas como “la sociedad” esperaba que saliera. España no es Alemania, ni cualquier país nórdico. Y el estallido de la burbuja dejó, otra vez, al país peor que estaba en los años cincuenta, con la agravante de que nos habíamos acostumbrado muy bien: si teníamos hambre, en el frigorífico había de todo; si hacía frío, se enchufaba la calefacción; teníamos ducha y baño con agua caliente, un techo razonable, aunque hipotecado, un coche confortable, ropas suficientes… o sea, una copia del paraíso. Y dinero para pagarlo

Pero todo se ha ido al cuerno. Y, otra vez, como en los siglos de oro, hay quien acude a Cáritas con traje y corbata, a pedir ayuda para sobrevivir. Como somos tan amigos del eufemismo y de lo políticamente correcto, al pobre total, al que necesita que le ayuden para poder cubrir mínimamente sus necesidades primarias de comida y vestido, le hemos puesto coletillas; ya hay pobres energéticos, pobreza alimenticia, asistencial, de medicamentos… POBRES DE SOLEMNIDAD, en definitiva. El número de ellos parece que ha crecido. Casi todo el mundo se lo apunta a la gestión del PP, y a su política de “restricciones”, olvidando que, tras un período de abundancia sin fundamento sólido llega otro de miseria: la fábula de la cigarra y la hormiga: cuando se pudo fuimos cigarra en vez de hormiga, y así nos va.

Todos hemos leído que las nuevas alcaldesas de Madrid y Barcelona van a quitar (o a intentarlo) la pobreza de esa gran capa de población, mediante la apertura de los comedores para chicos, el suministro gratuito de energía eléctrica, la EXTENSIÓN UNIVERSAL Y GRATUITA de la medicina y de la medicación oportuna, y la aplicación de una RENTA MÍNIMA BÁSICA que ayude a vivir a quienes no tengan nada. Es como lo que da el PER en Andalucía, sólo que ampliado.

Es todo maravilloso, y muestra el gran corazón de los partidos noveles. Quieren hacer una sociedad igualitaria y feliz, en la que todos sus miembros tengan sus necesidades (agua, luz, atención médica y farmacéutica…) cubiertas. Pero TODO ESO CUESTA DINERO, y parece que no hay en el cajón para atender esos gastos. En fin, eso que tantas veces ha oído y leído, querido amigo. ESTE INTENTO MARAVILLOSO PUEDE ACABAR CON CONFISCACIONES IMPOSITIVAS, O EN FRACASO.

Hay, de cualquier manera, otro asunto que me preocupa: ¿Quién otorgará el carnet de POBRE DE SOLEMNIDAD? ¿Quién dirá quién es pobre? ¿Cuál es el límite? Porque en esta España nuestra, del chanchullo, la estafa y la defraudación, seguro que más de uno intentará hacer “la pirula” y conseguirá ser declarado POBRE DE SOLEMNIDAD, y recibir todos los beneficios sociales que de ser POBRE se derivan.

Vamos, una Arcadia Feliz de balde.
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