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No lo entiendo

No lo entiendo

Por Andrés Aberasturi

jueves 11 de junio de 2015, 18:10h
Debe ser cosa de la edad, pero no entiendo nada. Y lo peor es que tampoco, dentro del entorno europeo, veo nada parecido salvo, quizás, Italia. Pero en Italia ya se sabe que el país va mejor cuando no tiene gobierno que cuando lo tiene. No sé, ya digo que será la edad pero todas estas componendas, estos ejercicios de filibusterismo, esa cuerda floja por la que caminan los pactos que valen hoy y mañana no, que en unos sitios se digan unas cosas y en otros otras, que se pueda pactar con dos partidos distintos a la vez y no estar loco, que haya que inventarse términos para defender, justificar o explicar una cosa y su contraria (la “geometría variable” según la acertada definición de Fermín Bocos para la política de Ciudadanos), me resulta difícil de entender y hasta cierto punto sospechoso.

Pero esta desazón que atraviesa la España de las poltronas, no tiene demasiadas alternativas. Las mayorías absolutas son absolutamente peligrosas y creo que todos coincidimos en eso; pero las no absolutas han obligado, hasta ahora, a pactos con los nacionalismos a los que, por definición, les preocupaba más su comunidad que el estado. ¿Dónde está el término medio? El PSOE creó Ciudadanos muy a su pesar lo mismo que el PP impulsó a Podemos. Nacieron como una reacción alérgica y junto a ellos un sin fin de plataformas, asociaciones, mareas y otros inventos que cobijaron a los justamente airados por tanta ineptitud y tanta corrupción de los dos grandes. Pero el problema sigue sin solucionarse o esa es al menos la sensación que percibe el ciudadano. ¿Se puede pactar con el PSOE en Andalucía y con el PP en Madrid? ¿Se pueden juntar hasta cinco siglas para desbancar a un alcalde? ¿Se puede decir “digo” donde antes se decía “diego”? Pues parece que sí.

La coartada que todo lo justifica es al final la indefinición sobre los posicionamientos clásicos: no somos de derechas ni de izquierdas, somos base, somos gente, somos centro, tic-tac, no somos casta ni lo queremos ser, es la hora de los ciudadanos. Bien, bien, vale ¿dónde hay que firmar? Naturalmente en las urnas y ya lo hemos hecho. Pero el resultado nos ha descolocado a todos porque el bipartidismos no ha sido derrotado sino herido y el bálsamo lo tienen unas minorías que juegan al despiste, que son el despiste mismo. Y no estoy en contra pero sí desorientado. Porque no sé qué va a hacer Carmena –a la que respeto desde hace mucho tiempo pese a sus excesos o tal vez por ellos- al frente de Madrid ni Ada Colau -¿soberanista o no soberanista?- si termina gobernando en Barcelona. Porque no tengo nada claro que Cifuentes tenga que prometer que habrá primarias en el PP para conseguir el apoyo de Ciudadanos ni tengo claro que Ciudadanos pueda exigir algo que no le compete. Porque el PSOE andaluz cambia de socio radicalmente y ni se inmuta y porque, otra vez, vuelve a entonase una canción peligrosa en democracia: la del cordón sanitario.

Y todo esto con los ojos ya fijos en las generales que están a la vuelta de la esquina o incluso antes. Y de fondo Mas con su independentismo, Podemos sin explotar del todo, el PP pendiente de la Audiencia, medio PSOE mirando a Alaya y Ciudadanos haciendo experimentos no precisamente con gaseosa. No sé, pero –debe ser la edad- no termino de ver nada claro, no lo entiendo muy bien.
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