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Unidad Popular 2015 con el viejo sabor del Frente Popular de 1936

Unidad Popular 2015 con el viejo sabor del Frente Popular de 1936

Por Raúl Heras

domingo 07 de junio de 2015, 10:21h
Las candidaturas de " Unidad Popular" que se están empezando a gestar dentro de las formaciones de izquierda de cara a las elecciones generales de finales de 2015, nucleadas en torno al Podemos de Pablo Iglesias y el PSOE de Pedro Sánchez, tienen el viejo sabor del "Frente Popular" que se artículo en febrero de 1936 alrededor de Indalecio Prieto y Manuel Azaña para ganarle las elecciones al bloque de las derechas que encabezaba José María Gil Robles desde la Confederación Española de Derechas Autónomas. Han pasado casi ochenta años y si malo es olvidarse del pasado y volver a caer en los mismos errores, tan malo o más es querer repetirlo con la excusa de que las condiciones política, económicas y sociales han cambiado.

Puede que la España de 2015 se parezca muy poco a la de 1936, pero a lo peor se parece más de lo que nos gustaría, con todas sus consecuencias y sin pecar de catastrófico o mensajero de viejos miedos que lleven a los españoles a evocar a sus viejos y violentos demonios. Desde luego si escuchamos a nuestros políticos, el año 36 parece estar a la vuelta de la esquina, y hemos oído y leído referencias a la quema de iglesias, violaciones y todo tipo de mensajes que parecían salidos de la boca de algunos oradores de las Cortes de la II República más que de los parlamentarios que juran la Constitución de 1979.

Antes de que termine junio el presidente Rajoy habrá " terminado" sus remodelaciones en el gobiernos y en el partido. Sabremos todos hasta dónde llega su audacia para recuperar la confianza de la parte de la sociedad que necesita para mantenerse en La Moncloa, y hasta qué punto es consciente del estado interior de los suyos y de las exigencias que le plantean tras ver desmoronarse más de la mitad del poder que habían conquistado hace cuatro años.

En estas mismas semanas se habrán cerrado los pactos de gobierno desde Andalucía a Cataluña, desde Galicia a Valencia y desde Aragón a Madrid. Veremos si la izquierda es capaz de votar en conjunto dejando a un lado las ambiciones de las siglas y sin pensar en cómo destrozar a medio plazo al " amigo" para quedarse con todos sus votos; y veremos si la derecha es capaz de " parar" la deriva de cambio radical en lo político y en lo económico en la que están empeñados los nuevos discípulos de aquel marxismo que dictó don Carlos al analizar el camino hacia el abismo social del capitalismo financiero internacional. Nada que ver con lo que ocurrió en un país medieval como era la Rusia del zar Nicolas de la mano de los bolcheviques de Lenin, Stalin y Trotsky.

Ni Pablo Iglesias, ni Iñigo Errejón, ni Juan Carlos Monedero se parecen en nada a los tres líderes de la revolución rusa de 1917; ni los militantes de Podemos tienen ningún parecido con los bolcheviques que tomaron el Palacio de Invierno; ni por supuesto la España monárquica de 2015 se asemeja a la Rusia de comienzos del siglo XX, pero escuchando a algunos políticos de uno y otro lado si se siente la tentación de compararlas. Tampoco se parece nuestra España de hoy a la España que obligó a Alfonso XIII a exiliarse de forma voluntaria embarcando en Cartagena para ensayar por segunda vez en nuestra historia la forma de República.

Son los nombres los que llaman a mirar la historia. Lo hace Esperanza Aguirre cuando habla de bolcheviques y de soviets para referirse al futuro gobierno de la capital de España con Manuela Carmena como alcaldesa. Lo hace la izquierda cuando mira al futuro noviembre y habla de candidaturas de " unidad popular".

En poco más de dos años se conmemorará el centenario de una de las dos grandes revoluciones que cambiaron Europa y el mundo, y por la que viajó España en sentido contrario. No nos dejaron a los españoles aprender mucho de Francia en el siglo XIX y cuando quisimos copiar de la Rusia del XX terminamos con un golpe militar, una guerra civil atizada desde fuera de nuestras fronteras, y una dictadura de casi cuarenta años que se cerró con un gran pacto político y social que ha cumplido con éxito una primera etapa pero que, es evidente, necesita de un segundo impulso en el que se comprometan y protagonicen las generaciones que nacieron tras la muerte del general Franco.

En 1975 se re-instauró la monarquía tras 64 años de abandono y un salto de una generación. Ahora ya tenemos una monarquía hereditaria muy joven pero suficientemente preparada como lo ha demostrado el reciente viaje a la Francia republicana. En 1975 el exilio político y los políticos del interior firmaron un pacto de transición que ha durado hasta hoy. Se ha cumplido una etapa y si no queremos que sus evidentes carencias y la perversión de sus bases fundacionales más nos vale que obliguemos a nuestros representantes públicos a mirar el futuro y no abrir las losas del pasado. La derecha ya se unió en una nueva CEDA de la mano de Manuel Fraga y José María Aznar. La izquierda - siempre más heterogénea y heterodoxa - está fragmentada sin que el PSOE haya cumplido esa " misión histórica" que le correspondía. Sería muy malo que este nuevo intento de refundación de la mitad del electorado español fracasase. Los miedos y las amenazas no son los mejores ingredientes para un nuevo pacto "en la Corona" , hoy por hoy la mejor alternativa en la cúpula del Estado ya se sea monárquico o republicano.
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