Ni Carrió logra alterar la calma
A menos de dos semanas de las elecciones generales, la campaña electoral se desenvuelve en el clima de atonía signado por la distancia insalvable que Cristina Fernández le sacó a sus competidores en las primarias abiertas, apenas alterado por las advertencias de Elisa Carrió en torno de una eventual reforma constitucional.
Las últimas encuestas indicaron nuevamente la posibilidad de que el socialista Hermes Binner creciera en cantidad de votos con la relación a las internas, que Rodríguez Saá se convirtiera en el tercero más votado y que cayeran Ricardo Alfonsín, Eduardo Duhalde y Carrió, quien podría quedar incluso debajo del trotskista Jorge Altamira.
Las encuestas también preanuncian que el oficialismo podría imponerse en ocho de las nueve provincias que elegirán gobernadores junto al próximo presidente de la Nación: Buenos Aires, Entre Ríos, Formosa, Jujuy, La Pampa, Mendoza, San Juan, y Santa Cruz. En cambio, los pronósticos favorecen al candidato de Rodríguez Saá en San Luis, que se convertiría junto a la Capital Federal en los dos distritos más reacios al Ejecutivo nacional.
Con un Senado en el cual el Frente para la Victoria consolidará seguramente su mayoría, la única incógnita parece ser la aritmética de la Cámara de Diputados, ya que los encuestadores tienen dudas acerca del comportamiento de los electores frente a la posibilidad de cortar boletas para favorecer a legisladores opositores con la idea del control institucional.
Habida cuenta de que la elección quedó virtualmente definida tras el resultado de las internas abiertas, los partidos opositores centraron sus campañas en conseguir mayor cantidad de bancas en la cámara baja. Carrió se inmoló al pedir que si los votantes iban a castigarla, no lo hicieran simultáneamente con sus legisladores. Un poco más pudorosamente, Alfonsín también avaló el corte de boleta en favor de sus legisladores.
Con el mismo objetivo dirigentes opositores insisten en advertir acerca del “peligro” de que el kirchnerismo se convierta en un poder hegemónico con mayoría propia en el Congreso.
Sin embargo, se topan con el antecedente de la experiencia reciente de la oposición unida, cuando el llamado Grupo A tuvo la mayoría durante dos años en la cámara baja y si bien logró complicar al gobierno, no consiguió empero sancionar leyes que mejoraran la vida de la ciudadanía.
El único proyecto que la oposición consiguió sancionar fue el del 82 por ciento móvil para los jubilados, que fue vetado por la Presidenta y que adolecía de especificar cuál sería la fuente de financiación de esa mejora pata la clase pasiva. Sólo Proyecto Sur proponía reponer los aportes patronales rebanados durante el menemismo, para reunir los fondos suficientes.
Con la intención de asustar a los sectores más moderados que pueden votar a legisladores del Frente para la Victoria, Carrió reflotó ahora la posibilidad de que el oficialismo impulse una reforma constitucional que pueda prolongar a Cristina Fernández en el poder más allá del 2015.
La diputada opositora fundó su advertencia en el hecho de que el ministro de la Corte Suprema, Eugenio Zafaroni, anunciara días atrás que dejaría el máximo tribunal de justicia para dedicarse a una reforma constitucional que instaurara un gobierno parlamentarista, en lugar del actual sistema presidencialista.
La Presidenta le pidió el 1 de marzo en el Parlamento a sus opositores que “no se hagan los rulos” en torno de una eventual reforma constitucional, luego de que la diputada kirchnerista Diana Conti expresara sus deseos de una “Cristina eterna”.
La mandataria advirtió esa mañana al inaugurar las sesiones ordinarias del Congreso que el oficialismo ni siquiera había tenido el número suficiente para aprobar con mayoría simple el Presupuesta Nacional, por lo que mal podría aspirar a declarar la necesidad de una reforma constitucional que requiere los dos tercios.
Pero Carrió encontró en la plataforma del Frente Progresista que esa fuerza propicia un régimen parlamentarista, por lo cual concluyó que había en marcha un pacto para prolongar el mandato presidencial.
Pese a que los socialistas negaron terminantemente esa posibilidad, Alfonsín también criticó a Binner quien, pese a sus pequeños chisporroteos con la Presidenta, crece en las encuestas con el discurso menos agresivo hacia el gobierno.