El término asqueroso para calificar las prácticas del diario británico News of the World corresponde a un político laborista, al ex primer ministro, Gordon Brown. Define perfectamente lo que está ocurriendo en el caso de las escuchas telefónicas que está ocasionando un terremoto desolador en la cúpula de Scotland Yard, la convocatoria de la cámara de los comunes para la comparecencia del propio magnate Rupert Murdoch, la cancelación de una gira africana del actual primer ministro, el conservador James Cameron, que tiene la necesidad de explicar clara y convincentemente las relaciones que tiene o ha tenido su equipo de gobierno con destacados responsables del periódico sensacionalista que recurría a escuchas ilegales de niñas secuestradas y asesinadas, de familiares muertos en Afganistán o de cualquier otro tipo de soborno de policías para obtener información privilegiada y manipularla sin el menor escrúpulo para obtener el mayor rendimiento editorial sensacionalista con ventas de casi tres millones de lectores cada domingo.
Hasta ahora, las consecuencias de este escándalo había ocasionado la detención temporal, tras prestar declaración, y posterior dimisión de varios directivos del grupo Murdoch, entre ellos, Andy Coulson, el que fue portavoz del propio Cameron; y la figura emblemática y desalmada, Rebekah Brooks, fría y despiadada, capaz de usar la voz de una niña secuestrada, sabiendo que ya había muerto. Seguro que dentro de unos meses tenemos una nueva versión de Ciudadano Kane porque muchos critican ahora mismo lo que hacía News of The World pero ya están pensando en cómo beneficiarse de una situación aberrante para el periodismo, la política y la policía, y que debería servir para erradicar a todos los corruptos que utilizan cualquier método para tener éxito, falsean la realidad, sobornan y se dejan sobornar, y colocan en una situación de total pérdida de credibilidad al sistema democrático que debe ser perfectamente capaz de depurar responsabilidades con condenas ejemplarizantes y desterrar a aquellos que favorecen la práctica del chantaje y el fraude a la sociedad.
La realidad supera la ficción en más de una ocasión. Las lecciones que vamos a aprender del escándalo Murdoch se deberían aplicar en todos los países, sobre todo en España donde la telebasura y las trincheras mediáticas ocasionan un grave daño a los ciudadanos y a la democracia.
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