Comunidad y sociedad, en un año electoral
Un ejército de opinólogos ha empobrecido y encorsetado la interpretación de nuestra compleja realidad. Depositar en los encuestadores y consultoras de opinión política, la responsabilidad de comprender las necesidades de nuestra población aunque más no sea en términos electorales, es limitarnos a una mirada de coyuntura.
Deberíamos buscar otros caminos para desentrañar las aspiraciones fundamentales de nuestro pueblo, guiados más por las convicciones que por la inmediatez de un episodio electoral.
Por otra parte, los estudios acerca de temas de cultura política, etnografía o de temas relativos a la gestión y administración de los gobiernos, han ganado importantes espacios de comunicación, obstaculizando al mismo tiempo, la llegada al gran público de los estudios sistemáticos y rigurosos de las cuestiones que hacen al poder, a su naturaleza y a su localización.
Los medios de comunicación de masas se han plagado de opinólogos, a favor y en contra de cuanto debate se desencadene, en un año con más elecciones que fútbol. Todo en la política nacional parece reducirse a las inclinaciones del voto de los ciudadanos, en tanto máxima expresión política de una sociedad. Las organizaciones sociales, comunitarias y barriales de todo tipo, lo miran por TV.
El debate televisivo con académicos de renombre que se ha popularizado en este último tiempo, se circunscribe al prestigio del invitado, o al conocimiento académico que tiene de una serie de temas.
En realidad, encuestadores y académicos coinciden en la reducción del tratamiento de la cuestión política a las implicancias de la política en términos de “administración de gobierno”, bastante lejos de las cuestiones del poder.
No es la gobernabilidad ni la gobernanza- según sea la línea argumental- lo que está en juego, es la construcción de poder real propio y de la reducción del poder del enemigo de los intereses de la nación, lo que está en juego.
Comunidad-Sociedad y otra vez Comunidad La relación entre la noción de comunidad y sociedad, que se desarrolló intensamente a mediados del siglo XIX, coincide con el nacimiento de la sociología como disciplina independiente. Esta, le dio al debate un cariz muy particular independizándola relativamente de los marcos de la filosofía.
Este debate supone una secuencia temporal, ya que la sociedad sigue a la comunidad en el tiempo. No obstante, la comunidad no ha podido desprenderse plenamente de la sociedad, ya que los hombres esconden en su arcano, elementos valiosos (tradición), aquello que los vincula auténtica y verdaderamente y lo transportan de generación en generación.
La condición de artificialidad de la sociedad, el carácter externo y extraño a la naturaleza humana que la modernidad europea nos impuso, convive con la comunidad y deja entrever de vez en cuando, aquello que refleja el corazón de un agrupamiento humano ligado de manera existencial.
Ya nos decía F Tönnies (1855-1938)…”la sociedad es un círculo de individuos que a pesar de vivir pacíficamente uno al lado del otro, no están esencialmente unidos, sino esencialmente separados…”. La sociedad se estructura en base a normas, la comunidad lo hace básicamente en función de valores.
El desafío hoy día, es encontrar los canales de comunicación para reconstruir una nueva experiencia comunitaria, que no implique el regreso a un pasado ya superado, sino a la idea superadora de la comunidad como resolución de las contradicciones existentes.
En nuestra experiencia histórica reciente, la idea y la práctica de comunidad organizada se desarrollo en el período 1945-55. El eje fundamental nos enseñó que las organizaciones libres que surgían del seno del pueblo (de abajo hacia arriba), portaban la legitimidad y la representatividad que era expresada por el gobierno central pero ejercida por la participación popular.
Como expresión de un comunitarismo autóctono, el hombre se realizaba en la medida en que la comunidad lo hacía. La libertad del individuo, si bien era respetada se realizaba plenamente en la comunidad que le daba albergue.
Esa comunidad, estaba estructurada por diversas sociedades libres e independientes. El Movimiento Obrero Sindicalizado se consideró la columna vertebral de esa comunidad, que tomó forma al mismo tiempo de movimiento político de liberación.
La idea de pensar nuevamente en términos de tensión entre comunidad y sociedad la realidad nacional, merece una serie de consideraciones particulares.
En primer lugar, si el movimiento obrero sigue siendo la columna vertebral o no de la comunidad, ya que algunos consideran que puede ser la cabeza del movimiento, mientras otras posiciones ni lo consideran columna vertebral. Al mismo tiempo, la pregunta que cabría es: ¿Cuáles son las organizaciones sociales que han surgido como novedad en este último tiempo? Ante la crisis cada vez más profunda de los partidos políticos tradicionales como lo muestra las elecciones en la CABA, la vida en sociedad ha generado nuevas expresiones sociales (movimientos sociales, movimientos barriales y culturales diversos, Juveniles, etc.), ¿hasta qué punto esta nueva realidad, merece una transformación de las formas de representación políticas? Los estudios en el campo de la cultura política o de tipo etnográficos, que se multiplicaron en las décadas de los años ´80 y ´90, lo hicieron como una distinción académica de la realidad cambiante.
Esta diferenciación académica ha sido preponderante en el debate en los medios y desde los medios de comunicación, sin reparar que las cuestiones del poder se han mantenido indemnes. No solo se trata de describir una realidad, sino de transformarla para superar las verdaderas contradicciones.
Al decir de Carlos Montenegro ,”… el mito de la libertad, del sufragio y de la ley que nos legó la modernidad a través de la oligarquía hispanoamericana…”, no es solo un problema académico, es de naturaleza política. Es hora de desnaturalizar lo existente.