El encierro de Bañuelos protagonista negativo de la 2ª del Anoversario
Detalles del toricantano Jairo Miguel ante otra corrida descastada, y van...
Decíamos/escribíamos este miércoles que con las figuras llegó el mediotoro. Y un día después, con el toro/toro desaparecieron las figuras. El problema es que el encierro de Bañuelos quedó en pura fachada externa y puro descastamiento interno, una vez más, y ante ellos sólo apuntó buen corte el confirmante Jairo MIguel, sin que Puerto ni Capea tuvieran opciones.
Cinco toros de ANTONIO BAÑUELOS -uno, 2º, devuelto por inválido, tras lo que se corrió turno- y 4º, sobrero, de ADELAIDA RODRÍGUEZ. Todos de magnífica presencia y muy bien armados, pero mansos y descastados, con 4º peligroso. VÍCTOR PUERTO: silencio; silencio. EL CAPEA: silencio; silencio. JAIRO MIGUEL; que confirmaba altrnativa: silencio; palmas tras aviso. Plaza de Las Ventas, 9 de junio. Segunda corrida de la Feria del Aniversario. Dos tercios de entrada.
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Esta película ya la hemos visto a lo largo de la interminable sesión doble de San Isidro y Aniversario. Toros guapos, serios, cuajados, que salen retadores de chiqueros, que parece que se van a comer a los coletudos y al mundo y que no se comen una rosca. Porque se van dlluyendo por su mal estilo en diversos grados de descastamiento imposibilitando cualquier atisbo de hacer el toreo 'der güeno'. Así está la cabaña de (teórico) bravo, así.
De modo que las ilusiones que traía la terna también se fueron diluyendo poco a poco, como aconteció con los parroquianos que ocupaban el graderío. Sólo el sexto bicornazo, que incluso manseó menos ante el penco, permitió al jovencísimo Jairo Miguel -en la foto manejando el percal- apuntar buen manejo de capote y pañosa con cierta clase, que por un momento caló en los tendidos. Pero fue un espejismo, ya que en el tercio final el burel acabó por cantar su catadura.
El toricantano, hijo del también matador Antonio Sánchez Cáceres y formado en tierras mexicanas, se estrelló con el de la ceremonia, al que incluso cambió de terrenos y robó por ambos pitones para nada. Eso sí, mostró soltura, profesionalidad y un rapto de fervoroso ardor juvenil que debería confirmar de verdad en otra ocasión.
Esos fugaces momentos que dejaron a Jairo cascabelear ciertos apuntes ni siquiera se les presentaron a su padrino de ceremonia Víctor Puerto, ni al tercer coletudo, Capea. El manchego -en la foto muleteando a su segundo-, muy pendiente como director de lidia, se quitó de enmedio con solvencia a sus dos enemigos también a la espera de tiempos mejores.
El salmantino anduvo por la plaza con mayor entidad que otras veces y se le nota también su paso por tierras aztecas, donde acumula contratos. Todo voluntad y entrega, sin perdonar ni un quite en toda la tarde, no pudo demostrar ninguna otra cosa frente a los de su lote, en los que su único borrón fue el mal manejo de las armas toricidas.
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