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El año que comenzó en diciembre

El año que comenzó en diciembre

Hay años y años. Los habituales de 365 días y los bisiestos que, como todos sabemos, tienen un día más. Sin embargo, el 2011 argentino no está comprendido en ninguno de los dos casos.

Transitamos un año de 13 meses o, por lo menos, uno que comenzó en diciembre del anterior. ¿Es eso posible? Sí. Al menos en términos políticos. Las elecciones presidenciales rompieron la lógica, además de los calendarios.

Es que diciembre transcurría con la economía en crecimiento, indicadores sociales en alza y estabilidad política que despertarían la envidia de más de un ciudadano del Norte súper desarrollado y autosuficiente.

Ese que, no pocas veces, nos miró con desdén. Y si tenemos alguna duda al respecto, recordemos expresiones del economista estadounidense más respetado en la actualidad, Joseph Stiglitz: "desde la reestructuración de la deuda y la devaluación de su divisa, la Argentina ha tenido años de crecimiento del PBI extraordinariamente rápido, de casi el 9 por ciento por término medio de 2003 a 2007".

Agregó que "en 2009, la renta nacional era el doble que en el peor momento de la crisis, en 2002, y más del 75 por ciento más que en el momento mejor del período anterior a la crisis".

A pesar de que algunos diarios se empeñaron en presentar supuestas "dudas" de Stiglitz acerca del futuro de la economía argentina, el profesor neokeynesiano aseveró que nuestro país "capeó la crisis financiera mundial mucho mejor que los EE.UU. y Europa".

Pero no todo lo que reluce es oro, dijeron desde el principal partido político de la oposición. Es decir, desde el conglomerado mediático-económico hegemónico. Y echaron barro, por no decir otra cosa, que quedaría feo además de tener muy mal olor.

De esta manera, echaron a andar los reiterados intentos por exacerbar el ánimo social utilizando la necesidad, la bronca o el simple descontento ante situaciones puntuales. Se trate de cuestiones trascendentes o nimias, lo mismo da para ellos.

El apocalipsis de pantallas televisivas y algunas tapas gráficas, cuyos estertores aún resuenan, incluye todo: la necesidad de una vivienda digna, la falta de billetes, la escasez de nafta, los cortes de luz o la cola en el banco.

Todo tiene la misma gravedad y un único responsable: el Gobierno Nacional. Y aquel que piense lo contrario es un "mercenario al servicio del Estado" y, si además es periodista, un enemigo de tan noble profesión. Y se acabó.

Porque si algo caracteriza al partido de los medios es su intolerancia hacia quienes pensamos diferente y la falta de transparencia a la hora de declarar sus verdaderas intenciones: poner en discusión el modelo económico, social y cultural que la mayoría de los argentinos elegimos desde mayo de 2003.

No toleran la distribución del ingreso y de la palabra, porque haber concentrado ambas, les permitió acumular enormes ganancias y un sitial de poder que usan para beneficio de sus intereses sectoriales.

Tampoco aceptan la centralidad de la política y la recuperación de la militancia, de proyectos comunes en los que creer, porque si el "que se vayan todos" es crónico, permanente, sólo quedan ellos, con el poder de veto que semejante estado de ánimo social les posibilita.

Por eso, los únicos políticos a quienes quieren son los efímeros, esos que se cocinan al calor del marketing, sazonados con dosis elementales de frases hechas y vacías, inconsistentes.

Son más fáciles de descartar una vez utilizados, como se dio con buena parte del elenco estable del denominado Grupo A en el Congreso, experiencia que hoy pocos quieren recordar.

Sólo aportaron títulos para los diarios, ni una solución concreta para las necesidades de las mayorías. Así las cosas, en este 2011 de trece meses, lo que está en juego es qué país queremos para las próximas generaciones.

Las corporaciones, sus voceros y candidatos, ya eligieron. Y van a jugar fuerte. Quienes soñamos con un país más justo y solidario no podemos estar al margen.

Este es el desafío en este año particular: cedemos a la tentación del individualismo y del sálvese quien pueda, donde triunfan los de siempre, quienes se arrogan ser únicos dueños de la palabra y las cosas, o profundizamos la democracia haciéndola cada día más real.

Sergio Fernández Novoa

Presidente del Consejo Mundial de Agencias de Noticias y vicepresidente de Télam
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