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Historias de cuatro niños héroes II: Beauty, la niña que no quiere ser prostituta

Historias de cuatro niños héroes II: Beauty, la niña que no quiere ser prostituta



“No quiero ser prostituta…, quiero ir al colegio” dice “Beauty”,  la niña de la fotografía (su nombre es ficticio por motivos de seguridad).

Durante meses sus palabras se han repetido en mi mente constantemente, como un aullido de desesperanza, como un lamento amargo. Sin embargo durante la entrevista que realizamos para un documental sobre menores africanos migrantes, donde la grabamos silueteada sobre un fondo con el fin de evitar que se la reconociera, pronunció esta frase con una entereza y una dignidad que dejarán sin aliento al que tenga oportunidad de verla.

“Beauty” tiene 15 años. Fue víctima de una red de trata que la llevó desde su Nigeria natal a Marruecos para explotarla sexualmente en Europa. Allí vivió a la espera de que sus “dueños” tuvieran la oportunidad de cruzar clandestinamente.

“Suffer” (sufrir en castellano) es el verbo que repite sin cesar en la entrevista.

Su madre dio a luz 9 hijos, “Ninguno fuimos a la escuela, todos sufríamos…, sufrí todos los días de mi vida”.

Ante la dramática situación familiar su madre la entregó a una familia para que trabajase en el servicio doméstico. Pero al poco tiempo empezaron a maltratarla. “Un día conocí a una persona que me dijo que me iba a sacar de allí, y me propuso ir a Europa. Me dijo que me iba a ayudar a salir de esa situación y que ganaría suficiente dinero para poder iniciar una nueva vida”.

Lo que “Beauty” desconocía es que acababa de ser captada por una red de trata. En ese momento comenzó su particular odisea. Tardó “dos meses” en cruzar el desierto del Sahara. “Muchos días no había nada que llevarse a la boca y prácticamente no teníamos agua”. El Sahara es uno de los desiertos más duros del mundo, imaginar a una niña cruzando durante semanas las planicies rocosas o los interminables ergs se me hace imposible de describir.

“Un día “la persona” (refiriéndose al tratante) que nos llevaba se acercó a mí y me dijo que porqué “no iba” con los hombres que le acompañaban. Yo me negué, y me dijo que si “no iba” con ellos me mataría. Entonces me ató las manos, me ató las piernas y me tapó la cabeza con una manta. Pero otro hombre se acercó y le dijo que porqué me hacía eso. ¡Esta niña es muy pequeña, no puede hacer nada aún! Aquel hombre me salvó, pero no pudo hacer nada por las otras mujeres”.

El día que tomé esta fotografía, era la segunda vez que veía a “Beauty”. Le pedí que si tenía inconveniente en descubrirse de nuevo el torso para fotografiarla una vez más.

Ella accedió con un ligero asentimiento. Se estaba desnudando en cuerpo y alma, mostrándonos con su gesto, su dolor interior y no sólo físico. Yo tenía la adrenalina a mil y me invadió un desasosiego terrible por la responsabilidad que en ese momento estaba adquiriendo. Era como si me dijese: “Tienes que contar mi historia, tienes que hablar de ésto para que no ocurra más”.

Unos meses antes, la red de trata le quemó el cuerpo con “agua hirviendo” por motivos que se desconocen, aunque podemos suponer que responden a un castigo o a algún tipo de represalia.

“Beauty” es aún una niña, pero ya es una heroína como millones de mujeres en lo que llamamos el tercer mundo. Su historia personal es un ejemplo de lo que está ocurriendo con miles de mujeres en África, su continente, donde la miseria, la precariedad y la hambruna llega al extremo de empujar a las mujeres en muchas zonas  a expoliar los hormigueros en busca de grano con el que alimentar a sus hijos. Esto es lo que está pasando en el continente que nos vio nacer como especie, no es el guión de una película.  Su fuerza, su entereza, su dignidad, pero sobre todo su lucha y su esperanza en un mundo mejor, deberían espolearnos a presionar a quien tienen posibilidad de hacer algo para que estas situaciones no se vuelvan a producir.

La historia de “Beauty” no es un caso aislado, sucede mucho más a menudo de lo que trasciende. Ocurre con miles de mujeres, en África, en Asia, en Latinoamérica e incluso en Europa. Mujeres y niñas que al tratar de buscar una salida de la miseria, son víctimas de las redes de trata. Y nosotros no nos enteramos o no queremos hacerlo, bien porque nadie nos lo cuenta o porque nadie quiere publicarlo o porque no es “noticiable”.

Mi amigo Roberto Fraile me anima a que diga lo que pienso; Pués sí, tiene razón ¿Cómo puede ocurrir esto a 14 kilómetros de Europa? Los políticos de la sociedad del bienestar SON UNOS HIJOS DE LA GRANDÍSMA PUTA que no quieren saber absolutamente nada sobre el tema, no va con ellos. ¿Qué pensaríamos si ésto les ocurriese a nuestras madres, a nuestras hermanas o a nuestras hijas? SOMOS UNOS HIJOS DE LA GRANDÍSIMA PUTA, no tenemos remedio, vamos directos contra la pared, pero seguimos mirando por la ventanilla, como dice Manu Chao.

José Saramago, que nos dejó hace unas fechas decía: “Se puede comprender que alguien se disculpe alegando no sabía, pero es inaceptable que digamos prefiero no saber”.

Roberto Lozano. Director y Productor
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