Todos me dicen que
Mariano Rajoy estuvo ‘centrado’ y hasta ‘centrista’ en su comparecencia en la noche del lunes ante los leones que, en el circo televisivo, le preguntaban sobre lo divino y lo humano. Sobre todo, acerca de la crisis económica, que es lo que nos angustia. Me gustó de Rajoy el hecho de que parece haber abandonado por completo la estrategia de la tensión que tan mal le vino en la pasada legislatura; en mi opinión, le falta apenas tender la mano a
Zapatero para ayudarle a gobernar y, si el inquilino de La Moncloa no quiere, allá él con su responsabilidad.
.png)
Era evidente que MR se había preparado la lección, aunque ninguno de los que le interrogaban quiso plantearle pregunta inesperada alguna. Nada de cuánto gana al mes o cuánto cuesta un
cafelito o el precio del bono-bus. Todo eso lo llevaba bien aprendido, tras horas de entrenamiento con sus colaboradores y con sus ‘fans’ en Internet. Lo que no se aprende es el talante, y pienso que Rajoy ha mejorado bastante en este capítulo, aunque sigue resultando algo distante, como envuelto en ciertas brumas galaicas que le impiden un acercamiento físico a la cámara y al auditorio.
Escuchando a ambos, lo cierto es que, en este programa cara a cara con la gente, yo hubiese aprobado tanto a Zapatero como a Rajoy. Incluso un aprobado alto, y conste que me he convertido en examinador exigente. ¿Qué diablos les pasa que luego no actúan con la misma sencillez, con el mismo sentido común, con el que hablan? Otro misterio de la política nacional.