La reunión extraordinaria de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) que se desarrolla este día en Bariloche pesará de forma determinante sobre el futuro inmediato del naciente organismo regional: o sale fortalecido o sufre una prematura derrota.
En la reunión de Quito de la Unasur, se planteó la cita en la ciudad argentina para tratar, con la presencia del presidente Álvaro Uribe, el tema de las bases estadounidenses en Colombia. En realidad, desde entonces, se ha echado más leña al fuego. Bogotá ha señalado que el acuerdo militar con los EEUU tiene por objetivo combatir el narcotráfico y el terrorismo y es una decisión soberana. Sin embargo, Chávez, que ya en Quito aseguró que soplan vientos de guerra en la región, ha advertido que se prepara a romper relaciones diplomáticas con Colombia y, como réplica, Bogotá ha pedido en la OEA al mandatario venezolano que deje de sembrar odio en la región.
Para hacer más compleja la reunión y amenazar con desbordarla, el presidente del Perú, Alan García, ha denunciado que Chile y Bolivia negocian un acuerdo bajo la mesa sobre las aspiraciones marítimas bolivianas y ha anunciado que llevará el tema al Unasur, con lo que ha provocado reacciones airadas de Chile y Bolivia. Por su lado, el
Paraguay expone su preocupación por la compra de armamento por parte de Bolivia.
En el caso del Ecuador, se han suscitado expectativas para dar pasos a favor de recomponer en Bartiloche las relaciones diplomáticas con Colombia. En este contexto, no luce fácil la reunión de la Unasur.
No obstante, si prima la sensatez y se superponen los intereses comunes de los pueblos sudamericanos a una lucha por el liderazgo regional, la imposición ideológica y la satisfacción de vanidades individuales, puede ser el foro ideal para dar una salida a las diferencias y fortalecer la unidad respetando las diversas visiones políticas de los Gobiernos.