OPINION/Victor Gijón
Siempre pensé que, salvo por intercesión divina, nadie se cae del caballo camino de Damasco. A nadie se le revela la fe, el conocimiento o la percepción de los problemas de un partido, por ejemplo, de la noche a la mañana y mientras camina placenteramente por el campo.
Y como es evidente que Martín Berriolope no es Saulo, ni, por supuesto, y no sólo por razones de género, tampoco lo es Blanca Rosa Gómez Morante, habrá que convenir que su repentino descubrimiento de lo ‘mala’ que es la dirección del PSC-PSOE, de la que han formado parte en grado superlativo, el uno como portavoz del Grupo Parlamentario Socialista, la otra como presidenta de su Comisión Ejecutiva, no tiene nada que ver con los argumentos sobre los que sostienen su disidencia del último minuto.
No obstante, cabe destacar una diferencia, a mi modo de ver sustancial, en como extraen consecuencias de sus críticas ambos dirigentes. Berriolope anuncia que dimite, y que seguirá dando su apoyo a Lola Gorostiaga, aunque a la vista de las razones dadas para abandonar la presidencia de los parlamentarios socialistas mejor tener enemigos que estos amigos.
Gómez Morante, sin embargo, y a pesar de considerar que preside una Ejecutiva inútil e incapaz, algo, por cierto, de lo que los socialistas cántabros se han enterado por las declaraciones a los medios de comunicación y nunca directamente, continúa de presidenta de esa dirección que, en su opinión, es la madre de todas las desgracias del PSC-PSOE.
Tiene razón Gorostiaga cuando avanza que habría que buscar en lo personal el origen de decisiones como la de Berriolope. Creo que también ese es el componente determinante en la disidencia de Gómez Morante. Berriolope ha tirado la toalla ante la insistente campaña de acoso de un sector del partido –precisamente el que representa Gómez Morante y su escudera Rosa Inés García Ortiz-- no tanto por su gestión como portavoz sino por su pasado en IDCAN y la supuesta excesiva influencia de los ex comunistas en el entorno de Gorostiaga.
Hace un año García Ortiz pidió su dimisión que él ofreció, pero que Gorostiaga no admitió, lo cual hace más sorprendente aún su anunció de marcha sin informar a su secretaria general y utilizando un periódico de la derecha que lleva meses enredando en el debate interno de los socialistas cántabros para favorecer los intereses electorales del PP.
En cuando a Gómez Morante son numerosas las voces que se hacen eco del poco ánimo de la alcaldesa de Torrelavega para seguir en el cargo municipal. Dicen que dice que se le habría quedado pequeña la capital del Besaya y busca otras tareas de mayor empaque. Aunque otros creen que se trata de una huida hacia adelante ante unos más que previsibles malos resultados en las próximas elecciones de municipales.