OPINIÓN/Víctor Gijón
Luena y dos clases de políticos
Hay dos clases de políticos. Los que se equivocan y sacan consecuencias de sus errores y aquellos que siendo claramente culpables miran al tendido y se llaman andana. El alcalde regionalista de Luena es de los primeros. De los segundos la nómina en el PP es tan larga que necesitaría un centenar de artículos como este para contárselo.
A un dirigente político como Ignacio Diego le parece una “inmoralidad inaceptable” que el ex alcalde de Luena, José Ángel Ruiz, se defienda después de dimitir. Pero, no le causa rubor ni incomodidad alguna, mantener en el cargo a un delincuente político, el tránsfuga, juzgado y condenado, alcalde de Castro Urdiales, Fernando Muguruza. Es un ejemplo claro de indecencia partidista, aunque no el único, que no le debiera salir gratis al presidente regional del PP.
Recordar, como hace el PRC, el caso de Julián Vélez, actual alcalde de San Vicente de la Barquera, tiene sentido, pero llega tarde. Vélez agredió a la esposa de un edil de la oposición, por lo que fue condenado, pero los hechos se produjeron en 2003. De aquel suceso ningún partido hizo leña, entendiendo, quizás, que quien debiera haber sacado las consecuencias pertinentes era el agresor y su partido. Pero ni lo uno ni lo otro. Es más, se premió a Vélez dándole cargos en la Federación de Municipios y, años más tarde, haciéndole diputado regional.
En el intermedio recuperó la alcaldía barquereña en una moción de censura donde contó con el voto decisivo de un concejal de Izquierda Unida que tiene a gala confesarse más honrado que los demás. Honrado puede, pero dio su apoyo de un político indigno.
Claro que estas menudencias se la traen al pairo a un PP que organiza manifestaciones ante las cárceles en apoyo de alcaldes pillados con las manos en la caja y que permite que personajes como Fabra, procesado por corrupción, imponga a su hija, también investigada, en las listas del Congreso.
Y si quieren nombres que les suenen más les recuerdo que vuelve a ser candidato Ángel Acebes, aquel ministro del Interior que nos mintió sobre el atentado islamista en que murieron 192 personas en un desesperado intento por no perder las elecciones. O Eduardo Zaplana, nada menos que número cuatro por Madrid, a pesar de haber dejado grabada la confesión de por qué estaba en política: para forrarse.
O Mariano Rajoy, que afirma ampuloso que con él nunca habrá diálogo con los terroristas, pero que siendo ministro de Aznar acercó a decenas de terroristas a las prisiones del País Vasco, mientras su presidente ordenaba negociar con el Movimiento de Liberación del Pueblo Vasco, es decir con ETA. Indignos, chorizos y mentirosos que no dimiten ni a tiros. Pero condena que te crió para quien dimite. Es la vara de medir de un partido plagado de fariseos.