No importa que ETA, a través de medios afines como Gara, revele por entregas todo lo que la banda armada ‘conversó’ con los enviados del Gobierno de Rodríguez Zapatero. La vicepresidenta primera y portavoz del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, es inmune a esas informaciones: “No colaboraremos a hacer de altavoces de la banda terrorista”. Es decir, que nos quedamos sin saber si lo que dice Gara es cierto, sólo cierto a medias o completamente falso. El soniquete del Ejecutivo es inmutable: “No vamos a permitir que la agenda política la marque ETA”.
Ahora bien, hay quien pide explicaciones y ayer mismo lo hizo el portavoz parlamentario del PP, Eduardo Zaplana, que exige lealtad al Gobierno: que Zapatero explique de una vez qué es lo que habló con ETA y que sólo a partir de ahí será posible poner un punto y final político a todo lo que ocurrió en el mal llamado proceso de paz.
Pero parece que Fernández de la Vega no está dispuesta a que tal cosa ocurra. “Con el PP mantendremos la relación leal que hemos mantenido siempre”, se limita a afirmar cuando es interrogada al respecto, así como a repetir su frase más favorita: “La unidad de todos es una herramienta fundamental en la lucha contra el terrorismo, es imprescindible”.
Una ‘unidad’ que De la Vega exige sin fisuras y sin contrapartidas: “El señor Rajoy se comprometió a apoyar al Gobierno desde la unidad en a lucha contra la violencia y al día de hoy no tenemos razones para pensar que incumplirá su palabra”. Pero, ¿se informa al PP de todo lo que ocurre con la banda terrorista? “Cuando hay información que dar, se da y ahí estamos”. Y hasta ahí, diga lo que diga Gara.
Los ‘no pulsos’ de la Iglesia Católica
En otro orden de cosas, en la rueda de prensa tras el Consejo de Ministros la vicepresidenta primera no admitió ‘pulsos’ de la Iglesia Católica con la nueva asignatura de Educación para la Ciudadanía: “No hay pulsos” de la Conferencia Episcopal, dijo, porque “la ley es exactamente igual para todos: nadie puede incumplirla ni objetarla, no hay excepciones para nadie”.
Pero en sus palabras hubo una advertencia muy explícita a los obispos españoles, y a caso hasta a los de Roma: “No puede haber un título sin Educación para la Ciudadanía, como no lo puede haber sin matemáticas… La Iglesia Católica nos merece todo respeto, pero la asignatura no se concibe para enfrentarla a las clases de religión; luego, no hay caso para la objeción de conciencia, no hay ni motivo ni temor. Es un programa impecable, como el que tienen la mayoría de los países de Europa, para que en el futuro haya una convivencia social pacífica y eso lo hacen todos los países democráticos”.