En los últimos años hemos sido testigos del drástico cambio que ha sufrido nuestra televisión abierta. Los programas de farándula (prensa rosa), de concurso y de realities se han apoderado de gran parte de los horarios y casi por completo de algunos canales.
Si bien para muchos televidentes estas temáticas son de gran atractivo, para otros significan una completa pérdida de tiempo. De hecho, para algunas personas, este medio de comunicación es su mayor acompañante, por lo que no les queda otra que centrarse en la vida de pseudo personajes o cuasi artistas que, por supuesto, no han aportado nada positivo a la cultura del país.
Actualmente tenemos una parrilla de ofertas de ‘farandulandia’ al desayuno, al almuerzo, a la hora del té y de la cena. Cambiamos de un canal a otro y la misma historia: que éste se involucró con aquélla, y a su vez, ésta le fue infiel con el otro, y así sucesivamente. Verdaderamente un cuento de alcoba tras otro, de donde van surgiendo distintas personas, que por hablar cualquier tontera salen al aire y se quedan como panelistas estables, sin tener ni la más mínima idea de lo que significa la televisión.
En variadas ocasiones me he dedicado a analizar este tipo de programas, esperando averiguar por qué un alto porcentaje de nuestra población los prefiere. Sin embargo, aún no me lo puedo explicar. No generan conocimientos de ninguna índole y representan en algunos casos una violación a la vida privada de ciertas figuras públicas que sí se han destacado en su ámbito laboral.
Sin embargo, no podemos dejar de lado los ‘famosillos’ programas de baile y entretención, en donde mujeres bellas marcan el peack de la jornada. A mayor escote, mayor sintonía y, por ende, potentes ganancias económicas. Un paquete muy tentativo y que sin duda alguna vende bastante. Más aún si pensamos que más de un millón de personas alimentan esta gama de ofertas televisivas, diariamente.
A modo de ejemplo, un programa de farándula del medio día, marca un rating promedio de nueve puntos. Esto significa que alrededor de 630 mil personas están conectadas a la emisión.
Un mar de contradicciones
Cuesta entender la razón por la cual nuestra televisión derivó en este tipo de transmisión. Sobretodo porque, paradojalmente, nació como un proyecto educativo y cultural, bajo tres objetivos: informar, educar y entretener. En sus inicios, fue propiedad de las universidades tradicionales y del Estado, pero con el tiempo pasó a convertirse en negocio de privados. A comienzo de los años ’90 se originaron los canales Megavisión y Red TV y luego de un tiempo, la Universidad de Chile vendió su señal, la cual se transformó en Chilevisión.
Bajo su formato original fue posible exhibir miniseries sobre renombrados personajes de la historia mundial, como Napoleón, Hitler, Anastasia Romanov, Cristóbal Colón, entre otros. Pero también tuvimos la posibilidad de conocer la vida de importantes personajes reales y de la literatura de nuestro país, enriqueciendo cultural y educativamente nuestros conocimientos.
Con decir que hasta los programas infantiles generaban un importante aporte en la formación de los pequeños. Por medio de distintas vías, transmitían valores y códigos de conducta.
Afortunadamente, en el marco del bicentenario de la Independencia de Chile han surgido proyectos educativos, históricos, puestos al aire con excelentes resultados de rating. Tal es el caso de la producción de los telefilmes de canal 13: “Héroes, la gloria tiene su precio”, en los que se ha glosado imaginativa pero legítimamente, la vida de algunos próceres de la historia de Chile.
Otro espacio dedicado a la investigación histórica fue el documental “Epopeya”, transmitido por Televisión Nacional de Chile, en tres capítulos. Aquí tuvimos la posibilidad de comparar cómo se enseña la Guerra del Pacífico en cada uno de los países involucrados, y conocer la visión de sus destacados historiadores.
Si vemos los programas de análisis de actualidad, podemos darnos cuenta que “Estado Nacional” es emitido en dos horarios por TVN, y “Tolerancia Cero” lleva varias temporadas al aire y en horario prime.
Si los resultados de sintonía son tan exitosos cuando ofrecemos diversidad cultural a los usuarios, ¿por qué esta importante temática tiene que verse reducida a una tarde en algunos canales? ¿Acaso los chilenos no merecemos la oportunidad de ver programas del tipo “Conquest” del History Chanel, con investigadores históricos y reconstitución digital de las grandes batallas? Si no fuera rentable, dudo de que ese tipo de programas se emitieran por la televisión por cable a todo el continente.
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Karina Espinoza S.
Periodista
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