El ex presidente ruso Boris Yeltsin, que gobernó durante la desaparición de la Unión Soviética y la transición de Rusia a una economía de libre mercado, murió ayer como resultado de un problema cardiovascular, a los 76 años de edad.
Líderes de todo el mundo elogiaron a Yeltsin por llevar libertad y democracia a Rusia luego de décadas de gobiernos totalitarios, y por presionar por reformas en los mercados que, aunque brutales, ayudaron a su país a convertirse en una gran economía.
Su ‘terapia de choque’ económico llevó a millones de personas a la pobreza y sus últimos años en el poder estuvieron marcados por el caos, reportes persistentes de problemas con el alcohol y sangrientos combates en Chechenia.
La historia podría elegir recordar al otro Yeltsin: el visceralmente carismático que se montó en un tanque, levantó su puño y contribuyó a poner fin al imperio soviético.
Cuando Yeltsin llegó al poder era visto como un titán, físicamente grande y de voz profunda. Pero al final de su gobierno se lo veía enfermo y tambaleante, luciendo a menudo desorientado o confundido
Rey de los gestos elocuentes, Yeltsin renunció al poder voluntariamente en las últimas horas del siglo XX, a favor de Vladimir Putin, un sucesor cuidadosamente elegido. De esta manera, el primer líder elegido de Rusia -ese logro por sí sólo asegura que será recordado como un gigante-, y también se convirtió en el primero en dejar el poder de forma voluntaria.
Anatoly Chubais, que como un joven economista fue la mano derecha detrás de las reformas al mercado de Yeltsin, comparó al ex presidente con el zar Pedro el Grande, responsable por convertir a Rusia en una potencia europea a inicios del siglo XVIII. "Él nos llevó desde el cautiverio hacia la libertad", sostuvo Chubais. "Nos llevó desde un país de mentiras (...) hacia un país que intentó vivir en la verdad", agregó.
Mikhail Gorbachov, el último presidente soviético, rindió tributo a sus logros e hizo notar sus falencias."Expreso las más profundas condolencias a la familia del fallecido, en cuyos hombros descansaron grandes eventos para el bien del país y serios errores", señaló.
El presidente ruso, Vladimir Putin, a quien Yeltsin designó como su sucesor antes de retirarse, a fines de 1999, también expresó su pesar. El caos que Putin heredó de Yeltsin provocó un desencanto con la democracia que más tarde le permitió atenuar muchas de las reformas previas.
La canciller alemana, Angela Merkel, que actualmente ostenta la presidencia temporal de la Unión Europea, describió a Yeltsin como ‘un valiente luchador por la democracia’. El ex mandatario ruso fue ‘una figura histórica’, afirmó el presidente de EEUU, George W. Bush, en un comunicado en el que se declara ‘profundamente entristecido’ por su muerte.
Entre valentía, meteduras de pata y vodka
Boris Yeltsin será recordado por haberse impuesto a los golpistas comunistas de 1991 subido a un tanque, pero también como un presidente conocido por sus meteduras de pata y bromas de dudoso gusto, esclavo del vodka y víctima de crisis depresivas.
En septiembre de 1994, durante una ceremonia organizada en Berlín con motivo de la retirada de las últimas tropas rusas de Alemania, Yeltsin se sumó a la orquesta de la policía haciendo alarde de su destreza con el tambor.
Los problemas llegaron a su apogeo ese mismo año, cuando en el viaje que lo llevaba a Moscú desde Washington no se presentó en una visita prevista durante una escala en Irlanda. Se aseguró que el mandatario estaba ebrio dentro del avión.