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La 'Suprema Injusticia' de la impunidad

La "Suprema Injusticia" de la impunidad

jueves 07 de marzo de 2013, 14:33h
En la esquina Montevideana:

Los muchachos de la barra del "Rover" están más que preocupados por el hecho de que queden sin castigo los responsables de graves crímenes cometidos entre 1973 y 1985. En este período las urnas estuvieron prohibidas por los golpistas que dejaron al Uruguay con la economía destrozada y el cuerpo social ensangrentado por la tortura.



    Pocho: A mi me parece que tenemos que ser capaces de pasar página. Nuestro querido país va consolidando un crecimiento ordenado gracias al honrado gobierno frenteamplista que encabeza el presidente Mujica. Es cierto que durante la dictadura los milicos sembraron la represión, la muerte y la tortura. Pero bueno, ahora pasó el tiempo y si la Suprema Corte dice que los delitos prescribieron habrá que joderse y aceptarlo.

    Tito: Me repele el tener que tragar saliva y dejar sin condena a la manga de facinerosos militares que durante casi una docena de años nos robaron y cagaron a palos. Su gran plan ---elaborado en alianza con los pachequistas--- para salvar al país era el de llevarse toda la guita posible mientras corrían la cortina de humo del peligro subversivo que suponía el Movimiento de Liberación Nacional [Tupamaros].

    Don José: Bueno, muchachos, ya se pueden hacer una idea de la calentura que tengo. Me siento defraudado, engañado y puteado por las típicas boludeces técnico-jurídicas que al final lo único que hacen es ocultar la inmoralidad de aplicar la prescripción de los delitos. Creo que tenemos que rebelarnos y no dejar que nos pongan delante un espejito para desviar la luz. Aunque los dos son líquidos; una cosa es el agua y otra el aceite ¿Nos entendemos? Sus diferentes densidades no permiten la mezcla al igual que tampoco se puede entreverar a la ciudadanía con el falso dilema del "cuco" de la ruptura de la convivencia si los milicos van en cana. No hay lugar para ninguna confusión: el pasado no fue un accidente y el actual progreso no es fruto del azar.

    Pocho: ¡Ojo! No vayan a pensar que perdono a los milicos y a sus abnegados cómplices civiles. Aunque los quisiera exculpar no me lo permite mi aurinegro código ético de que siempre ganás si jugás con el corazón. Te podrán meter media docena de goles pero vos salís ganador si fuiste a la cancha con limpios sentimientos. El odio no ayuda, te hace reventar la pelota; es la fuerza del amor la que te acerca al inolvidable campeón Obdulio Jacinto Varela. El jugo que bebían los milicos era el resentimiento; una variedad de falsa ayuda psicológica para camuflar su gran miseria intelectual. En la otra vereda estaban los "Tupa" que bebían el agua solidaria de la fuente artiguista. El problema vino, en parte, al no asumir la identidad del gaucho y perderse en el paisaje caribeño de los guajiros. Los milicos no puede ser perdonados, no tienen excusa posible. Claro que tampoco podemos dejar que sus cagadas nos frenen el buen momento que estamos viviendo.

    Tito: Si les soy sincero, amigos, todavía me dan más asco los civiles que colaboraron con los milicos. No disculpo a los coroneles y generales pero su desviación anti-democrática viene de la inadecuada formación que recibieron. Algunos pasaron por los cursos panameños de la Escuela de las Américas en donde los motivaron para actuar como exterminadores de plagas. Los equiparon con armas y dólares para aniquilar a un grupo de peligrosos insectos de la especie "tupamarus" que eran inmunes a los cuentitos de un aprendiz barato de payador que se llamaba Pacheco Areco. Los civiles nunca se creyeron el verso de la patria amenazada pero como buenos patriotas fueron corriendo al cajón de la guita para evitar que cayese en malas manos. Me pregunto si van a quedar a salvo de los reflectores que solamente enfocan a los uniformados.




    Don José: Tenés razón, Tito. Le cargamos todo a los milicos y nos olvidamos de los coimeros civiles que se hacen los otarios para escabullirse sin ninguna imputación penal. Todos conocemos a varios ex ministros que deberían estar en cana y con sus matufiados bienes, embargados. Es un punto oscuro que lamentablemente quedó sin sanción al estar los gobiernos "blancolorados" muy enchastrados en el colaboracionismo afanante. Siendo parte de la joda no tenían ningún interés en investigar y juzgar. En su momento todos los ex ministros civiles tenían que haber sido denunciados por "colaboración con banda armada", es decir, por su pública y notoria participación en la tiranía ejercida por las Fuerzas Conjuntas. No me olvido tampoco de aquellos malandras a los que los milicos le encomendaron la farsa o pantomima de representar el papel de legisladores en el Consejo de Estado. Eran ellos los que tenían que ir presos en lugar de los ilusionados e ingenuos muchachos de los C.A.T. que se comieron varios años a la sombra por el grave delito de repartir unos papelitos en la vía pública.

    Pocho: Acá hubo una fuerte represión pero se quedó media suavizada o agachada al lado de dos grandes asesinos de Argentina y Chile [Videla y Pinochet] que eran los que nutrían las portadas de los medios de prensa internacionales. Casi parecía que fuese una "dictablanda" aunque en realidad fue una cruel dictadura,   muy eficaz en el manejo de la picana eléctrica. Volviendo a los consejeros de Estado, recuerdo ahora al nieto del "tano" Tomaduz. ¿Se acuerdan de Gildo? En aquella época se dedicaba a armar televisores en el galpón de Propios. Tenía problemas con los componentes. Al no poder conseguir piezas tuvo que coimear bien de bien a un consejero, un pachequista que no me acuerdo el nombre. El señor consejero tenía un mágico permiso de importación para un amplio y variado surtido de material electrónico.

    Tito: Fue una etapa muy triste y eso que yo no me enteraba mucho porque era chico. Sin embargo recuerdo una imagen que se me quedó grabada y que nunca olvidaré. Fue cuando vi en la televisión al preso tupamaro Antonio Mas Mas [creo que había nacido en Mallorca] con una impactante expresión de dolor y sufrimiento en su cara. Al verlo, me cayeron unas lágrimas y asocié su abatido semblante al de un prisionero de los campos de concentración nazi. Años después me dijeron que el pobre Antonio había sido sometido a duras y frecuentes sesiones de tortura. Cuando pienso en aquello ---yo, que no soy partidario del "ojo por ojo"--- me dan ganas de agarrar una picana para acercársela al orto del "Goyo" Álvarez para ver el cagazo que se pega el hijo de Cerro Largo que incumplió el mandato artiguista de "clemencia para los vencidos".

    Don José: Nos calentamos con los crímenes de la dictadura y no concretamos la opinión que tenemos sobre la prescripción extintiva de los delitos de lesa humanidad. A mi modesto entender, los análisis jurídicos de la Suprema Corte me parecen restrictivos. Opino que es discutible el optar por el criterio positivista de la primacía del derecho interno al tratarse de unos delitos que exceden el marco del derecho nacional. No hay que ponerse lentes para ver que estamos delante de unos delitos que desbordan o sobrepasan el Código Penal. El autor delictivo forma parte de una institución, no es un particular, así que no puede ampararse en los eximentes que concurren en un homicidio acaecido en la esfera de la vida cotidiana. En los delitos de lesa humanidad todo son agravantes al ser el resultado de una planificación previa mediante órdenes administrativas que se dirigen a la destrucción de la dignidad de los detenidos. Coincido con el maestro Eduardo Galeano cuando dice que la Suprema Corte "parece ser muy suprema en la injusticia" al declarar la inconstitucionalidad de dos artículos de la Ley de Caducidad y así dejar sin castigo unos gravísimos delitos.


   Pocho: Yo me traje un recorte que les voy a leer. Es de mi ídolo Stéphane Hessel, recién fallecido a los 95 años. Escuchen: "Nuestro mundo está en crisis. Y solo saldrá de ella gracias a la determinación, el compromiso y el coraje de quienes proclamen alto y fuerte los valores de la democracia y el indispensable respeto de los derechos humanos". En recuerdo agradecido a Hessel ---alemán nacionalizado francés--- voy a borrar lo que dije antes sobre la necesidad de pasar página. No la tenía clara y me armé flor de quilombo entre impunidad y futuro del país. Creo que lo primero es la justicia. Después vendrá todo lo demás. Sería un gran triunfo del diablo uniformado si una declaración de la Suprema Corte logra bajonear o deprimir al presidente Mujica y al "gayego" Lorenzo.

    Tito: A lo mejor, Pocho, es justamente al revés. Quiero decir que posiblemente nos vaya mejor en el aspecto económico si cumplimos nuestro deber con los desaparecidos, muertos y ofendidos. El "sabremos cumplir" de nuestro himno nacional se materializa metiendo en cana a los responsables de la trágica etapa dictatorial y también, por otro lado, publicando o escrachando la lista completa de los cómplices civiles de los milicos. Quizás sea el mejor tratamiento para prevenir tentaciones autoritarias que nos desvíen de la  segura senda democrática.

    Don José: Ta bien... botijas... me alegro de coincidir en una misma visión sobre los males de la dictadura. Ustedes son sanos muchachos que no desean que los delincuentes de uniforme sigan teniendo "vela en el entierro". Es lógico que tengan dudas sobre la curación de unas heridas tan dolorosas. Yo tengo la esperanza de que se rompa la piola que nos ata al ombligo local para poder volar a presentar un recurso delante de la Corte Penal Internacional. Se me ocurre aprovechar el talento humano y literario de don Eduardo para que nos redacte el preámbulo ---la exposición de motivos--- del  recurso. Cuando los magistrados del alto tribunal internacional lean las páginas introductorias de nuestro futuro Premio Nobel [de Literatura o de la Paz] sentirán que en cada palabra hay un dúo de pájaros, para ellos desconocido. No paran de volar, van y vienen, una y mil veces hasta que su obra de alfarería reluce como el sol de la bandera uruguaya. El gran Galeano buscará hacer aletear a unos juristas que desconocen nuestra realidad y no tengo dudas de que interpretarán correctamente el literario mensaje. El nido de barro simboliza el espíritu de consenso de unos anhelantes ciudadanos que desean vivir en paz pero sin olvidar el maltrato recibido en la oscura noche dictatorial.

                                Manuel Suárez Suárez

   


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