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Las cartas del abuelo Pascasio: en busca de los millones perdidos

Las cartas del abuelo Pascasio: en busca de los millones perdidos

lunes 19 de noviembre de 2012, 15:31h
Muy querida nieta Cristina:


Antes de pasar a informarte de lo sucedido en la "Comisión de Seguimiento" de la intervención del Centro Gallego de Buenos Aires, tengo que contarte que en la reunión festiva de los viernes por la noche en el Rincón Gayego escuchamos emocionados al viejo compañero Pedro Penelas. Nos sorprendió con la lectura de unos poemas de su nieto Carlos incluídos en su Poesía Reunida, su más reciente antología. Al terminar de leer los versos de Los trasterrados no pudo contener unas lágrimas de agradecimiento al nieto porteño de la calle Viamonte que nunca conoció.


Bueno, ahora pasamos al asunto del Centro Gallego que nos tiene muy nerviosos y preocupados. Para los abuelos gallegos es muy doloroso el comprobar el fracaso de nuestros herederos. A lo mejor tenemos también nuestra parte de culpa. Me refiero a los mimos y a darles siempre la "papita rica" sin educarlos en ganarse el pan con el sudor de su frente. Tenemos la excusa perfecta ya que son los padres los que deben de
guiarlos. Nosotros somos simplemente un apoyo sentimental, pero sinceramente te digo que algo hicimos mal.


Es evidente que no fuimos capaces de transmitir el espíritu solidario de nuestra tierra. Sufrimos al constatar, alarmados, que la obra más importante de los gallegos en la Argentina se le escapa de las manos a nuestros descendientes como si fuese fina arena. Le estoy buscando una explicación que me aplaque un poco la calentura que tengo. Entenderás, Cristina, que a nivel personal estoy más que orgulloso de vos pero gran cantidad de mis compañeros están amargados al ver que la familia se lavó las manos en vez de meterse a fondo para salvar lo que es suyo.


Pero mi opinión poco importa. Nunca fui directivo del Centro Gallego y hablo un poco de oído. Por eso creo que lo más productivo es que te resuma la intervención de mi buen amigo pontevedrés Álvaro de Tomiño. Fue presidente del Centro Gallego y sabe de lo que habla. Comenzó haciendo constar su desolación personal al ver que es el INAES el que paga los sueldos de los trabajadores de la institución. Es la primera vez que ocurre.


En más de un siglo siempre salieron de las arcas sociales los recursos necesarios para pagar los salarios. El bueno de Álvaro aseguró que la pujanza del Centro Gallego dependía de su autonomía financiera al no deber nada ni las autoridades municipales ni a las nacionales.


Fui muy sincero al reconocer: "Yo también me equivoqué cuando puse guita propia para pagar deudas de la institución". Todos los presentes en la reunión se sorprendieron al oír la auto-crítica del ex presidente. Para evitar dudas, remarcó que recién ahora se da cuenta de su incorrecta actuación. En su momento pensó que era lo más adecuado para evitar el pago de intereses. En vez de ir a un banco lo que hizo fue meter la mano en el bolsillo. A lo mejor tiene razón en considerar que se equivocó porque su generosidad generó un efecto de tipo narcotizante sobre sucesivas directivas que cuando se vieron en apuros no metieron la mano al bolsillo. Encontraron la solución mágica en la ayuda de la Xunta de Galicia.


En vez de mirar hacia dentro del Centro Gallego para corregir el desfase se buscó la solución fuera mediante un convenio de mierda que entregaba la gestión de la entidad a cambio de unas cantidades de dinero. Lo peor de todo, querida nieta, es que los euro-pesos no entraban en la caja del Centro Gallego. En las fotos salían los miembros de la Junta Directiva pero no eran ellos los que tenían la manija. Los millones
que vinieron de Galicia se esfumaron en pagar altos salarios a una cantidad de empleados que no aportaron nada a la mejora del servicio de asistencia sanitaria.


Bueno, Cristina, ya termino con lo que dijo Álvaro porque estoy abusando de tu tiempo. Nos explicó que el desastre actual viene de la cagada de firmar un convenio que nació viciado. A su entender lo que se perseguía era una especie de privatización blindada, es decir, a cubierto de los avatares normales de la vida empresarial. ¿Ganaba algo el Centro Gallego? En su opinión, nada y perdió mucho porque la Fundación creada fue un cáncer que envenenó las células societarias. El dinero de Galicia no se utilizó para comprar ni un tarro de pintura ni una caja de gasas.


Recibí un fuerte abrazo del viejo gallego que no te olvida.


Pascasio Fernández Gómez
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