Y ahora ¿quién podrá financiarnos?
Así, arruinado, es cuando a EUUU más le conviene darle dólares a la oposición
Lo que les faltaba, caramba, a los defensores de la causa escuálida: Estados Unidos está en quiebra. "¡Oh!, y ahora ¿quién podrá financiarnos?", exclaman por los lados de la Mesa. Y, encima, no pueden llamar al Chapulín porque le tienen alergia a todo lo que sea colorado.
Algunos dirigentes opositores son partidarios de declararse en emergencia, pues si la Administración Obama, estando así, con el agua al cuello, asume un plan de austeridad y recorta sus gastos conspirativos en el exterior, muchos de los precandidatos presidenciales, como diría una revista hípica, "no tienen nada que buscar en esta carrera".
Un asiduo visitante de la embajada, conocido en los bajos fondos como "el Rey del martillo bilingüe", ha dicho entre amigos que sin el impulso gringo es mejor perder por forfeit y cantar fraude. El viejo truco.
Otros, con un poco más de fe en los procederes imperiales, piensan que -muy por el contrario- estando así, arruinado, es cuando en verdad a EEUU más le conviene darle dólares a manos llenas a la oposición venezolana, pues por caro que salga seguir cargando con esta gran variedad de pedigüeños y vividores, los negocios que piensan hacer con ellos en su hipotético retorno al poder son tan, pero que taaaan buenos, que pagarles las facturas sigue siendo una alternativa rentable. "Si le ponen las manos a la Faja, salen del default de un solo jalón", advierte el Estrangulador de Urupal, gran conocedor de temas económicos.
Opositores de vena politológica prevén problemas adicionales a la falta de churupos. Anticipan que la oferta electoral opositora enfrentará una grave disonancia: "¿Con qué cara puede ponerse un candidato a jurar en sus discursos que el capitalismo es el remedio a los males de este rrrrégimen castrocomunista, si el principal paradigma del mercado abierto y la libre empresa se está derrumbando?", se preguntan los asesores.
Los expertos, meritócratas e Iesa boy's hacen contorsiones para no admitir que la crisis es estructural. La economía de su país preferido, el que le da lecciones y certifica al resto del planeta, se está hundiendo como un viejo galeón asaltado a cañonazos, pero optan por el eufemismo tecnocrático. "Obama negocia una elevación del techo", dicen y convierten así la bancarrota del neoliberalismo en un problema de decoración de la Casa Blanca. Si aplicaran al tema los mismos parámetros de análisis que usan para juzgar la política de endeudamiento de Venezuela, ya habrían dicho que el ese país está al borde de la hambruna, la inestabilidad social y el caos político. Pero, como se trata de Estados Unidos muestran gran cautela y delicadeza. "Que no panda el cúnico", recomiendan estos chapulines alérgicos a lo colorado.
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