El hurón. Gumersindo: La leyenda del beso
El jefe, al fin, me ha dejado vía libre. Y tengo que contarlo, porque después del beso que compartieron Iker Casillas y Sara Carbonero en Sudáfrica he sido testigo del otro “beso del siglo”. Un ósculo presidencial en toda regla, que inaugura la nueva temporada política en nuestro territorio. ¿Un beso de amor? Seguro, porque aún sin ser uno de los “que no se le dan a cualquiera”, se aproxima bastante. El cancerbero de nuestra comunidad, inesperadamente, sin dudarlo, se aproximó a ella y, como mandan los cánones, arrimándola con el brazo, completó la faena. Premeditado o no, ahí queda para la historia.
Ahora se abre el debate, la leyenda de un beso muy particular que, sin duda, es el anuncio de un acontecimiento, tal vez no muy lejano. Es un beso tímido, como en las películas de antaño. Un beso anunciador de algo que, al parecer, sabía todo el mundo menos yo. Dicen que un beso legal nunca vale tanto como un beso robado. Puede que sí. O no, pero en este caso el valor, como a los militares valientes, se le supone. Los castellanos viejos, al fin, se han enternecido ante la imagen. Lo he podido comprobar, les ha gustado. Ahora, sí, una imagen vale más que mil palabras y de haberlo hecho antes de las elecciones hubiera arrasado. No fue precisamente el de Clark Gable en “Lo que el viento se llevó”, ni el inmortalizado para siempre en la fotografía y protagonizado por un marino americano en la Plaza del Ayuntamiento, el día que se liberó Paris. No importa, y si la proximidad realza la noticia, indiscutiblemente éste es nuestro beso. Mi fallo, mi gran fallo, es no haber cronometrado ese momento.
Dicen los humanos que el beso es una herramienta que combate el desánimo y una excelente forma de mejorar la salud. Puede ser, los hurones no conocemos esa experiencia humana, que por lo que dicen debe de ser apasionante. Me cuentan que este ejercicio, capaz de mover 30 músculos de la cara, estimula parte del cerebro y libera adrenalina. No me extraña tanta cosa buena, aunque me sorprende la variedad de besos que dicen que hay: seco, hollywoodiense, succionador, apasionado, cazador, de traición, de codicia, tímido, ardiente… En la Edad Media decían que cuando un caballerote daba un beso a una dama tenía que casarse con ella. Ignoro si en Burgos pasara lo mismo.
Marisol, dicen los periódicos, es la Vivien Leight que acompañó a JVH el día de su toma de posesión, la Escarlata O`Hara de esta película, en la que me han dicho que el presi, por lo bajini, susurró a Bécquer: Por una mirada un mundo/ por una sonrisa un cielo/ por un beso… yo no sé / que te diera por un beso”. Y se lo dio.
Gumersindo. Hurón. (transcripción: Félix Lázaro)