red.diariocritico.com
La colonización del peronismo

La colonización del peronismo

Entre las curiosidades argentinas seguramente quedará como inexplicable la docilidad con que una fuerza política que nació como expresión de protesta de amplios sectores postergados llegó a aceptar su cooptación política con la pasmosa resignación que ha mostrado en estos días el movimiento fundado por Perón. Quienes no pertenecemos a esa familia política estamos acostumbrados a sus originalidades, que el propio Borges, con una exagerada dosis de buena voluntad, calificó como “ni buenos ni malos, incorregibles”. Sin embargo, la historia de luchas, en muchas ocasiones ofrendando su propia vida, con que miles de militantes defendieron su causa desde su primer caída en 1955 hubiera hecho poco imaginable una colonización como la que ha sufrido en este tiempo, por parte de un grupo estrictamente hablando ajeno a su genética, que está logrando el sueño “entrista” iniciado en los ’60 y reiteradamente fracasado. Hasta estos días. Los calificativos hirientes –y merecidos- con que burlonamente se referían a Daniel Scioli los propios peronistas “no K”, como una ironía del destino se han vuelto sobre los autosuficientes caudillos y dirigentes gremiales, marginados quirúrgicamente de listas y funciones de gobierno. Y no es que esté mal. Dados a elegir sobre darles o quitarles poder, pocos argentinos se sentirían disgustados y más bien hasta podrían estar tentados de seguir con simpatía esta marginación que corta las alas a la prepotencia sindical y las redes clientelares de caudillejos marginales. Pero la simpatía se diluye de inmediato al recordar que el retroceso impuesto a las deformaciones antidemocráticas no significan un avance de la democracia participativa y la construcción de la autonomía ciudadana, sino de un mayor retroceso hacia formas autoritarias, personalistas y autocráticas. No avanzaron desde el populismo hacia la democracia, sino retrocedieron hacia el autoritarismo descarnado, cargado además de cinismo. No avanzaron los dirigentes modernos y lúcidos del peronismo, que los hay y muy buenos, sino las caricaturas grotescas del sectarismo ideológico y las complicidades delictivas. Que en plena segunda década del siglo XXI una agrupación política funcione con un dedo convertido en supremo elector, marginando todas las instancias intermedias de representación y construcción de objetivos comunes, es cuando menos curioso. No sólo habla de la escasa vocación republicana de sus liderazgos. Es más grave aún: describe la tosca argamasa gregaria, teñida de corrupción y utilización parasitaria del poder que se ha adueñado de la esta fuerza política. El espectáculo del oficialismo argentino puede leerse como una verdadera involución hacia la premodernidad, a los tiempos anteriores a las revoluciones de emancipación, cuando la imagen del soberano se identificaba con la Nación y su soberanía. Que esto ocurra al cumplirse dos siglos de la Revolución de Mayo es, como le gusta decir a la presidenta, un hecho sin parangón en la historia, que ubica a la Argentina en el nivel comparable a las repúblicas bananeras.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)
enviar a reddit

+
0 comentarios