Cosas que no se las come ni Magú
Partiendo de la base de lo mucho que tienen de remedo del tinglado de la antigua farsa, de impostura y de representación escénica, las campañas electorales son un auténtico espectáculo que, aun resultando ciertamente cansino, no deja de ofrecer rasgos, perfiles y retratos dignos de analizar. Tan pronto se enfundan el traje de candidato y entran en la vorágine del carrusel electoral, nuestros políticos se transforman y no es que ya a los demás nos cueste reconocerlos, es que me temo que ni ellos mismos se reconocen. Y se empeñan en vendernos cosas que no se las come ni Magú.
Ni siquiera ha comenzado oficialmente la campaña y he de confesar que el propio Juan Vicente Herrera me tiene un tanto desconcertado. El político que, presidiendo la Junta, se pasa Legislaturas enteras sin apenas conceder entrevistas a los medios de comunicación -muchos llevan años esperando vanamente una oportunidad que solo a algunos llega- en las últimas semanas no para de ser entrevistado en la prensa regional. Además, nada de declaraciones de compromiso para salir del paso, sino entrevistas “en profundidad” que ocupan páginas y paginas en los periódicos elegidos (supongo que la ronda será completa y no le hará el feo a “Abc” y “La Razón”, que tampoco son precisamente sospechosos).
Si yo fuera asesor de comunicación del presidente -riesgo profesional del que afortunadamente estoy a salvo- le recomendaría un poco de dosificación. Que en lugar de este atracón de macroentrevistas que no hay cristiano que las digiera, las espaciara a lo largo del tiempo; incluso pediría a los medios que no sientan obligados a dedicarlas tanto espacio, ya que tan generosa extensión va en claro detrimento tanto de la eficacia de los mensajes como de la capacidad de asimilación del sufrido lector. Pero allá cada cual, que esa no es mi responsabilidad.
La ventaja que tienen estas entrevistas tamaño “king size” (en realidad son ruedas de prensa exclusivas para cada medio) es que el personaje habla tanto que al final no tiene otro remedio que decir alguna cosa interesante, amén de acabar retratándose ya sea por lo dicho o por lo omitido. En concreto, esta sucesión de entrevistas ha sido utilizada por Herrera para ir vistiendo el muñeco de su negativa a debatir con Óscar López. En la que concedió a “Diario de Burgos” fue pergeñando los pretextos para no debatir. Mas tarde, en la de “El Norte de Castilla” abundó en las mismas excusas y prácticamente confirmó el no. Por último, en “El Mundo” ha querido legitimar su negativa desvelando por fín esos ignotos insultos u ofensas que dice haber sufrido y que aduce para no mantener el debate con López.
“Se me ha atribuido corrupción y no lo admito. Conmigo no se juega”, declara Herrera como definitivo argumento de peso para rehuir el debate. Francamente sorprendente. Mas que nada porque nadie recuerda que alguien haya relacionado personalmente al presidente de la Junta con caso alguno de corrupción. Lo que si se le ha podido reprochar, y a mi juicio con razón, es su tibieza ante los indicios que relacionan a determinados miembros del PP de Castilla y León con determinados casos de presunta corrupción.
Y llegados a este punto alguien ha de recordarle al presidente del PP de Castilla y León la presencia al menos de un imputado en las listas municipales del próximo 22 de mayo. Me refiero al concejal del ayuntamiento de Valladolid y portavoz del grupo popular en la Diputación provincial, Jesús García Galván, imputado en el “caso Arroyo” (y, ojo, no por ninguna actuación como concejal y diputado, sino por otras llevadas a cabo durante su etapa de delegado territorial de la Junta). Así pues, en este punto de excluir de las listas electorales a los imputados, Herrera ni siquiera ha sido tan escrupuloso como la presidenta madrileña, Esperanza Aguirre.
Sus pretextos para no celebrar ningún debate electoral siguen sin sostenerse y cuanto mas intenta justificarse, peor lo pone. Lamentablemente los debates no constituyen ninguna obligación legal y nadie puede obligar a ningún candidato a aceptarlos. Pero que no se nos venga con excusas que no se las come ni Magú. Es evidente que Herrera no quiere debates por las razones que ya vimos venir aquí hace casi tres meses (véase "El Puntero" titulado “Buscando el debate desesperadamente”). Ni mas ni menos.
(En las fotografías, Juan Vicente Herrera y Jesús García Galván)