Deseo insistir en un planteamiento que hice en mi último artículo para este diario. Creo que en Venezuela resulta indispensable la designación de un Gabinete de Sombra.
Se trata de una institución usual en naciones como el Reino Unido, Canadá y Australia. También en Francia se aplica bajo el nombre de cabinet fantôme o contre gouvernement, en Italia se conoce como governo ombra y en Rumania cabinetul din umbrâ. No es ninguna idea novedosa.
Consiste en la designación de un gabinete alternativo al del gobierno, pero designado por la oposición. Cada uno de los ministros de sombra tendría bajo su responsabilidad hacerle seguimiento a las acciones que lleva a cabo el ministerio del gobierno cuya contraparte representa. Debe analizar las correspondientes decisiones oficiales, a la vez que presentar políticas alternativas, con lo cual el país sabría qué esperar del próximo gobierno.
El Gabinete de Sombra constituye una institución indispensable para garantizar la continuidad gubernamental en un gobierno de tipo democrático, una de cuyas características tiene que ser la alternabilidad.
En el caso venezolano, la designación de un Gabinete de Sombra adquiere una relevancia muy particular. Como lo señalé en un artículo anterior, en vista de que la oposición se ha puesto ya de acuerdo en que las primarias para la designación de un candidato único se realizarán en febrero del año que viene, pareciera que toda la acción política se centra en torno a los intereses de quienes desean ser precandidatos. No existe una imagen de unidad y, por el contrario, lo que prevalece es la impresión de que mientras cada uno hala la brasa para su propio costado, las angustias y necesidades verdaderas de la población están siendo puestas a un lado.
Se presenta, pues, un desesperanzador vacío que está siendo llenado únicamente por el candidato oficial, que abusando de sus facultades, recurre a todo tipo de ventajismo, monopolizando la televisión y la radio para difundir en cadena un mensaje a la vez populista y polarizador. Ese mensaje está destinado prácticamente en su totalidad a imponer un sistema socialista que no está previsto en nuestra Carta Magna. Por el contrario, todas las encuestas evidencian que los venezolanos no deseamos parecernos a Cuba, que es el tipo de socialismo por el cual quieren llevarnos a la fuerza.
El Gobierno ataca la propiedad privada, confisca empresas sin indemnizarlas, destruye el aparato productivo, limita la libertad de expresión, aumentan la inseguridad, la inflación y la escasez, los servicios se deterioran, se atenta contra los derechos humanos, se violan tratados internacionales, se aplasta la independencia de los poderes, se aprueban Leyes Especiales de espaldas a la Constitución y sin que exista ninguna posibilidad de apelar ante un Tribunal Supremo de Justicia cuyos miembros se han convertido a una nueva religión conforme a la cual el presidente es su dios y, en consecuencia, sus deseos están por encima de cualquier ley humana. Se trata, pues, de la muerte misma del sistema democrático, porque se están aprobando por esta vía cambios que fueron expresamente negados por el pueblo en un referendo constitucional.
Pero mientras todo esto ocurre, sólo existen voces aisladas y dispersas que asumen las críticas de las acciones gubernamentales.
Por ello es indispensable la designación de un Gabinete de Sombra capaz de hacerle frente de manera orgánica y contundente a la masiva destrucción que ha emprendido el oficialismo de nuestro sistema de vida. Ese gabinete debe estar constituido por las mentes más brillantes de la oposición. Sus miembros no pueden tomar partido a favor de ninguno de los precandidatos que van a concurrir a las primarias de febrero, ni ser ellos mismos precandidatos. Deben ser juramentados ante la Mesa de la Unidad y responder no sólo ante ella, sino también ante todo el pueblo.
Por último -quizás esto es lo más difícil- deben comprometerse a no aceptar ningún cargo público en el próximo gobierno. Esta sería la única forma de evitar los inevitables celos que surgirían entre los integrantes de la Mesa de la Unidad. Tendría que tratarse de hombres excepcionales dotados no sólo de gran formación, trayectoria y reconocimiento, sino que además fuesen capaces de poner a un lado sus ambiciones personales frente a la grave situación que padece Venezuela. Serían los verdaderos patricios de la política y sus voces vendrían a llenar un enorme vacío que actualmente nos aturde y nos desmoraliza.
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@josetorohardy