Llevo unos días cuidándome en extremo, realizando una serie de medidas preventivas para evitar la aparición de arritmias. Normalmente no tomo café ni otros excitantes, no hago deportes violentos, vigilo y cuido mi parte emocional… Pero los cuatro clásicos que tienen lugar hasta el 3 de mayo, en los que nos estamos jugando tres títulos, han hecho que desarrolle además otras estrategias.
El empate a un gol del Madrid-Barça me puso a cien. En situaciones de estrés, segregamos hormonas, como la adrenalina, que aceleran el pulso, elevan la tensión arterial, aumentan la tendencia de la sangre a formar coágulos y tienen un efecto agresivo sobre la pared interior de las arterias.
Según un estudio realizado en el área de Munich durante el Mundial del 2006, los días de los grandes partidos se triplican los infartos y arritmias. Cuanto más emocionantes es el partido, más síndromes coronarios hay. Para los aficionados que han tenido una enfermedad coronaria reciente y aún no están en condiciones de llevar una vida normal, el fútbol está contraindicado.
El paciente que se halle estable y si no pierde los nervios sin control con el fútbol, puede ver estos partidos, pero siguiendo las recomendaciones del médico y tomando bien la medicación para evitar problemas. Los nerviosos, los que se ponen a cien, si han tenido una enfermedad cardíaca en el pasado, lo más aconsejable es que eviten ver los partidos de alta tensión.
En la temporada 2000-2001 se registraron siete muertes en el Camp Nou y desde entonces se han instalado 23 desfibriladores automáticos en distintos puntos del estadio para reanimar a personas que sufren paros cardíacos, gracias a los cuales el 90% de los afectados se recuperan.
¿Y en mi caso, qué hago, compro un desfibrilador?. No ha hecho falta, como Joan Gaspart yo también "desaparezco" en los momentos más álgidos. En mi caso me voy a la nevera y picoteo de todo: nueces, quesos, chocolate...
¡Un empacho de emoción!