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ZP: si no le vale al PSOE, no le sirve a nadie

Zapatero no ha renunciado a volver a encabezar al PSOE por una discutible pero respetable asunción de que a los ocho años hay que dejarlo: ese tipo de convicciones se expresan con tiempo y no se invocan en el último momento. El presidente no lo ha hecho, y con ello asume que la lectura externa de su abandono es la correcta: se va porque, con él, el PSOE se dirige a un cataclismo electoral con el 22-M como primera etapa del calvario. Esto es, lo deja para que los barones regionales primero y su sucesor, después, tengan alguna opción de medirse al PP sin hundirme estrepitosamente. Ese viaje demuestra que Zapatero era dueño de sí mismo para rechazar una nueva candidatura frente a Rajoy; pero no lo era en ningún caso para decidir intentarlo por tercera vez consecutiva: ahora que ha desvelado la incógnita en el sentido que indicaba la lógica, todos dirán que podía haber seguido, pero resulta evidente que no era así. Si la mera presión de algún presidente autonómico temeroso de pagar los platos rotos ha sido suficiente para obligarle a responder negativamente y antes de lo previsto, es presumible que una vez consumado el desastre en las Autonómicas y Municipales de mayo el acoso hubiese sido terrible y las luchas cainitas imparables. La cuestión final, la verdaderamente importante, es si con esto el PSOE cumple con alguien más que no sea sí mismo. Y la respuesta es no, por mucho que la curiosidad y el morbo centren ahora la atención en la previsible pugna entre Rubalcaba y Chacón, por citar los dos nombres más mentados. En pocas palabras, lo que no vale ya para el PSOE no puede ser la solución para todo un país: más importante que la presión interna, instigadora de este anuncio largamente esperado; es la certeza externa de que la crisis es insuperable si el capitán de la nave acaba de reconocer que no es el mejor ni para dirigir a los suyos. No digamos pues para salir de la tormenta y salvar al total de la tripulación. Las Elecciones anticipadas son inevitables. Es verdad que beneficia al PP, pero la otra opción perjudica a todo el mundo. Bueno sería que Zapatero, amén de en el PSOE, pensara en el conjunto de los españoles: irse del todo, y ya, es el mejor y el único servicio que le queda ya por hacer. Aunque no le dejen los suyos. Zapatero quería pasar a la historia por las reformas emprendidas a regañadientes y con retraso pero que, en todo caso, le han hecho gobernar con algo de criterio y responsabilidad por vez primera en ocho años de juegos florales y embustes para mentes ligeras. Es poco bagaje para entrar en los libros en otro epígrafe que no sea el de desastres naturales de la política española, bien jugoso por lo demás a derecha e izquierda. Si una ocasión le queda de adornar su currículo con un ápice de dignidad pasa, necesariamente, por la renuncia total, absoluta y rápida: es elocuente que ése sea el mejor servicio que pueda hacer; pero mucho más lo sería que no fuera capaz de hacerlo por cálculos internos que no le interesan a nadie.   (Puedes seguirme en Facebook, en Twitter, y en este blog)
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