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Escritos en libertad: El César de Astorga deja huérfano al PSOE

Escritos en libertad: El César de Astorga deja huérfano al PSOE

Coincidimos en el Instituto de Astorga, en pupitres contiguos por nuestros respectivos apellidos, Aller y Alonso, y a aquella juvenil amistad le sucedió el respeto mutuo en nuestros respectivos trabajos, yo como periodista y él como profesor de Literatura y alcalde de una ciudad con una carga histórica que imprime carácter. Quiero decir que mi juicio sobre Juan José Alonso Perandones está condicionado por el afecto, pero no creo que eso reste un ápice de justicia al afirmar que ha sido el mejor alcalde que podía tener Astorga, en consonancia con su personal, honesto y estricto sentido del deber,  y que los astorganos así lo han sabido valorar legislatura tras legislatura durante 22 años. Perandones ha anunciado en una carta dirigida a sus paisanos que no se presentará a la reelección, que sin duda tenía garantizada, y ha aclarado que no es una decisión precipitada ni de última hora. El 10 de enero ya había comunicado al partido su decisión de abandonar la política. Por lo tanto, quien vea ahora en esta marcha connotaciones de otro tipo, como la confección de las listas electorales autonómicas, de las que ha caído la concejala astorgana Victorina Alonso, se equivoca. Perandones no es persona que obre así, movido por juegos de poder. El todavía alcalde de Astorga es hombre de principios y las decisiones siempre las ha adoptado siguiendo criterios de convicción y eficacia. Fue elegido concejal por primera vez en el año 1983. Su objetivo fue modernizar Astorga y siempre estuvo al margen de otras consideraciones. Eso le llevó a pactar con Recaredo Bautista, falangista de viejas convicciones (aquel que se hiciera famoso por enviar al hospital a un periodista incómodo, al que le estampó un cenicero en la cabeza). Su tarea como primer teniente de alcalde le permitió aprender el funcionamiento de la vida pública y, sobre todo, ganó la confianza de los ciudadanos. En el año 1989 accedió a la alcaldía y a partir de ahí se sucedieron las mayorías absolutas en tres convocatorias y en la última necesitó el voto de un leonesista que incorporó al equipo de gobierno. En su despedida ha dado también una lección, la de saber retirarse a tiempo, cuando las fuerzas flaquean o los compromisos adquiridos agobian y la ilusión inicial disminuye. Confiesa que siempre tuvo claro que dejaría el cargo cuando creyera que su “capacidad de trabajo” disminuía. “Y con la perspectiva de cuatro años por delante –confiesa-  eso percibo claramente que ocurrirá si permaneciese una legislatura más en el Ayuntamiento”. Ahora llega el relevo y se abre una de las mayores incógnitas. Astorga es ciudad tradicional, sociológica y electoralmente de derechas. Pero todo esto no sirve cuando se trata de votar al socialista Perandones. Ha sido la excepción.  Es fácil de entender.  Perandones no ha tenido más aspiraciones que regir los destinos de su pueblo y ha rechazado en incontables ocasiones formar parte de las listas autonómicas u ocupar un sillón de diputado provincial. Otra muestra más de su personal concepción de la actividad política. Afirma que siempre tuvo muy claro que no podía compartir su responsabilidad de alcalde con otras instituciones públicas. “La labor de un alcalde, por su intensidad, por su cercanía, sigo pensando que requiere mucha templanza, mucha entrega y voluntad. No ha de ausentarse, sino estar muy presente cada día en la calle, en el despacho, en la puerta de otras administraciones para atender los asuntos mayores y cotidianos de la ciudad”. Toda una lección para quienes se muestran insaciables a la hora de acaparar cargos, con el don de la ubicuidad que algunos se atribuyen y que se traduce en el cobro de sueldos y dietas en varias instituciones o de los consejos de administración de las más insospechadas empresas. A Perandones se le ha llamado César. Seguro que por su longevidad en el poder y, sobre todo, por la inquebrantable adhesión que suscita. César de la bimilenaria  Asturica Augusta a la que ha transformado con el mayor sentido pragmático sin renunciar a ideales románticos. Probablemente esa sea la síntesis que explicaría el éxito. El voto astorgano, en definitiva, no es voto socialista en las municipales, sino voto personal del socialista Alonso Perandones. Su marcha abre ahora la incógnita  sucesoria, pero la incertidumbre es mayor porque el PSOE puede haber perdido Astorga para siempre. Pero eso ya queda para la noche del 22 de mayo. Fernando Aller. Periodista.
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