El día de hoy Bélgica, la desarrollada Bélgica, cumple 253 días sin gobierno. (El récord anterior lo tenía Irak, con 249 días). Ningún partido político ha logrado mayoría desde hace meses y en ese tiempo todos se han negado a concertar una alianza, así que la burocracia estatal deja pendientes los asuntos más importantes y solo toma decisiones administrativas por inercia, sin que nadie le diga en qué dirección remar. Mientras tanto, a pocos miles de kilómetros de allí, en el Norte de África y Oriente Próximo, pueblos con altos índices de analfabetismo y escasísimos recursos, se toman las calles y arriesgan sus vidas para reclamar que les permitan elegir a sus gobiernos.
En un extremo, una democracia industrializada pero enferma, en gravísimo peligro de que emerjan propuestas extremistas; en el otro, muchas democracias que pugnan por nacer. Dejemos que los filósofos saquen sus conclusiones; digamos solamente que así ha sido siempre, que la libertad y la democracia pueden nacer y morir en cualquier lugar, sin importar el contexto, dependiendo solo de lo que ese pueblo y sus dirigentes decidan.