El deporte español festoneó este domingo su último gran éxito mundial: una nueva 'Ensaladera', que se suma a las de los anteriores años bisiestos 2004 y 2000. Lo logró la conocida internacionalmente como 'armada española', a la que hay que añadirle el histórico apellido de 'invencible'. Pero a diferencia de la de Felipe II, invencible sin ironías, de verdad de verdad de la buena y olé. Lo logró, además, con todo en contra: sin el número uno del mundo, el lesionado Nadal; como visitante, y peleando no sólo contra los rivales, sino contra un público excesivamente forofo e incluso insultador. Sin embargo, al igual que acontece con las selecciones de baloncesto -desde hace un lustro- y fútbol -desde hace sólo un par de temporadas-, el conjunto español fue eso: un equipo.
Un grupo de amiguetes antidivos, que fermentan sobre la solidaridad de todos el esfuerzo individual de cada uno. Dan así la razón a ese intelectual y filósofo del deporte, Jorge Valdano, cuando establece que "el fútbol en particular y el deporte en general son porencima de todo un estado de ánimo". Y esa unión dentro y fuera de las pistas, bien orientada por Emilio Sánchez Vicario, ha sido tan importante como el propio talento de los Verdasco, Feliciano y Ferrer, sin olvidar al reserva Granollers, ni a los compañeros que ayudaron en eliminatorias anteriores, como han recordado estos 'armados' a la hora de las declaraciones..De modo que si tras la caída de la dictadura, el paupérrimo y casi ridículo palmarés deportivo español empezó a engordar y en la última década se disparó con multitud de títulos -dos de ellos que eran las dos grandes lagunas: Fórmula 1 y la misma Davis-, en este 'annus mirabilis'ha alcanzado el culmen.
Porque a esta 'Ensaladera' hay que añadir, ¡por fin! la Eurocopa, la medalla de plata de los chicos de oro del baloncesto - una especialidad en la que por primera vez un español, 'Supergasol', disputó la finalísima de la NBA-, y el copo en ciclismo en ruta con Giro, Vuelta, Tour y Juegos Olímpicos -en los que no se debe olvidar a Llaneras en pista. Si a ellos sumamos al buen balance en esos Juegos de Pekín y otros triunfos importantes también en el panorama internacional que harían interminable la relación, no cabe la menor duda de que el deporte español, con unos profesionales sin complejos y que no se sienten inferiores a nadie, nos ha ofrecido el mejor año de su historia. Y, quizás lo más esperanzador aún es que no ha tocado techo, aunque nos conformaríamos a partir de ahora no ya en igualar tan sensacional balance, sino en acercarnos. De momento, vamos a disfrutar y a brindar: ¡viva el 2008! Y olé.