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¿Está Rajoy preparado para gobernar?

¿Está Rajoy preparado para gobernar?

La semana que concluye, una de las más agitadas quizá desde 2004, no ha sido, con todo, mala para Zapatero: ha puesto firmes a los controladores, ha sido apoyado –aunque criticado—al explicar el por qué del estado de alarma en el Parlamento y ha sido elogiado por Europa, incluyendo, el viernes, al presidente del Consejo, Van Rompuy. Incluso la sentencia absolutoria de la Audiencia Nacional para Arnaldo Otegi en relación con el mitin de Anoeta hace pensar que ‘algo’ va a ocurrir en ese enfangado mundo de la banda terrorista.

Pero no es suficiente: el veredicto de las encuestas, el tono de los medios, el hartazgo de la opinión pública, sugieren que la ‘era Zapatero’ va concluyendo: el presidente, junto a sus errores, puede tener un buen día como parlamentario y hasta un gesto torero dirigido a los mercados exteriores; hasta puede que ETA haga algún movimiento definitivamente positivo, quién sabe. Sin embargo, ZP parece irremisiblemente condenado, incluso por sí mismo, a pasar a la Historia, pero no a repetir en La Moncloa. Así que todos los ojos están mirando hacia Mariano Rajoy: 2011 puede ser su año.

Me consta que sobre Rajoy hay puestas muchas más miradas de las que acaso él mismo piensa: analizan su dimensión de estadista en las cancillerías, y no son pocos los embajadores de países importantes que convocan a  periodistas de Madrid –cualquier día algunos aparecen en los cotilleos diplomáticos de Wikileaks-- tratando de desentrañar el futuro: “¿tú crees que Rajoy llegará a La Moncloa?”, es una pregunta frecuente, junto a la de “¿quién crees que sustituirá a Zapatero como candidato socialista?”. Casi nadie, fuera de las propias declaraciones ‘oficiales’ de dirigentes del PSOE y de miembros del Gobierno, piensa que será nuevamente ZP quien concurra como cabeza de cartel en las próximas elecciones generales.

Rajoy, que es cierto que no despega en las valoraciones personales de las encuestas, pero que ve cómo su partido se afianza como probable ganador en unos comicios que se celebrasen ahora –algunas hasta le dan mayoría absoluta, lo que me parece, en principio, excesivo--, ha mantenido esta semana un tono de mesura y la ha impuesto a ciertos ‘halcones’ del PP. Ha apoyado, frente a algunos de estos ‘halcones’, la declaración del estado de alarma ante el intolerable desafío de los controladores, ha mantenido la cautela ante la sentencia de la Audiencia Nacional exonerando a Otegi y ha tratado de no hacer demasiado leña de ese árbol que en principio parece semicaído llamado José Luis Rodríguez Zapatero, tal vez pensando que no conviene vender la piel del oso antes de cazarlo.

Creo que Rajoy, que ha concluido la semana con los ya tradicionales ‘ejercicios espirituales’ con la dirección de su partido, esta vez en Segovia, ha acertado con esta moderación, dentro, naturalmente, del tono crítico que le corresponde: algunas encuestas en trámite parecen señalar que la mayoría de los españoles aprueba la militarización de los controladores y la ‘mano dura’ ejercida por el Gobierno. La ciudadanía, parece, está cansada de conflictos y puede que tenga razón ese asesor del líder del PP, tan combatido por unos como aplaudido por otros, que le dice, gráficamente –se trata de una exageración, claro--, que puede dedicarse a descansar, porque los errores  gubernamentales ya han hecho que los españoles emitan un veredicto. Es, pienso, el momento de la prudencia y en eso, al menos en eso, Rajoy se ha mostrado como un maestro.

 

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