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ELECCIONS 28-N. Entrevista con el presidente del CTESC y ex-conseller de Treball

Josep Maria Rañé: 'La familia y la cobertura de paro alivian la tensión que podría haber generado esta crisis

Josep Maria Rañé: "La familia y la cobertura de paro alivian la tensión que podría haber generado esta crisis

"La imagen de los sindicatos está distorsionada porque la gente sólo los ve cuando la tensión es muy fuerte"

Sindicalista desde 1977, dirigente de UGT, Josep Maria Rañé ocupa desde hace dos años y medio la presidencia del Consell de Treball Econòmic i Social de Catalunya. Antes fue diputado en el Parlament entre 1988 y 2003 y en la última legislatura desde 1906 a 1908. Fue conseller de Treball i Industria los tres años de la presidencia de Pasqual Maragall (2003-2006).

-Más allá del nivel de paro en Cataluña, que ya sabemos que es alto, ¿cuál es la temperatura de Cataluña en materia sociolaboral?

-Hay que tener en cuenta que el nivel de cobertura del paro alivia mucho las tensiones que, de otro modo, se podrían haber producido. Volvemos a la crisis de los ochenta, que tuvo un gran impacto en el tejido empresarial catalán, pero ahora estamos ante las incertidumbres financieras. Ahora aumentan las exportaciones en aquellas empresas que han hecho los deberes pero es cierto que se ven afectados todavía la demanda y el consumo interno, y últimamente también de las administraciones.

-¿Las políticas sociales pueden acabar siendo las perjudicadas por el ajuste de la crisis?

-Ya ha habido una reducción de sueldos en la Administración. Cuando tienes que ajustar las cuentas en un contexto de reducir el déficit puede haber la tentación recortar las políticas sociales como sanidad y educación, que en Cataluña representan el 60 por ciento del presupuesto, más las políticas de ayudas sociales. Lo primero que se ha recortado son las inversiones, que de entrada no se notan, a lo que se acompaña una mayor eficiencia en los servicios públicos. Tienes para recortar el capítulo dos del presupuesto, el de papel y bolígrafos y que tiene menos repercusión social, el de inversiones y finalmente un crecimiento moderado del gasto social.

Claro, todo esto, en el supuesto de que la semana próxima no empeoren las cosas, contexto en el que habría que adoptar soluciones más drásticas sin desmontar servicios del estado del bienestar.

Cuando haya crecimiento supongo que se hará un esfuerzo de recuperación inversora para que la economía tire del carro. En definitiva, de esta crisis yo creo que saldrá un mantenimiento y consolidación del gasto social.

-Pese a la crisis aquí no hay una revuelta social. No ha habido el estallido de los "banlieu" como hubo en Francia con lo de que "el ascensor social" se había parado.

-Hemos vivido varias crisis diferentes. En la de los ochenta, con cotas de paro del 20 por ciento y algunas zonas metropolitanas del 25 y hasta el 30 por ciento, no hubo un estallido social, sólo movilizaciones laborales.

En la estructura social de Cataluña ha jugado un papel muy importante la familia. Esta crisis actual es muy masculina, porque afecta básicamente a construcción e industria manufacturera, y la familia ha servido de colchón y de reestructuración porque las mujeres han salido a buscar trabajo y lo han encontrado. En cambio está afectando muy durante a los jóvenes y a los inmigrantes porque el retorno a sus países ha sido muy minoritario aunque éstos encuentran en el caso de no tener una familia la solidaridad de unas redes montadas por ellos mismos que cumplen el mismo papel de la familia.

Hay otro factor para que no haya ese estallido: un ochenta por ciento de los parados tienen algún tipo de cobertura. Sólo dos de cada diez desempleados no reciben ningún tipo de ayuda sea paro, PIRMI, PRODI, aunque algunos de ellos vayan asociados a cursar algún tipo de formación.

-Más de treinta años de democracia ¿han hecho madurar a los sindicatos? ¿Se dialoga y negocia más para evitar el conflicto?

-Hay que observar la evolución teniendo en cuenta que veníamos de unos años de bonanza, entre 1994 y 2008, con un crecimiento económico importante y unos incrementos salariales moderados. A partir de los 80 se consolidó en España la idea de que la moderación salarial facilitaría la creación de empleo, lo cual ha generado una cultura negociadora que se extendió incluso a esos años de bonanza. Mientras en Europa se discutía sobre cómo repartir el crecimiento y los beneficios, aquí continuábamos con aquella cultura generadora de empleo a cambio de contención salarial. Esta moderación salarial quedaba compensada porque al haber más empleo nuevos miembros de la familia se incorporaban al mundo del trabajo y, por tanto, los ingresos totales de la familia crecían.

Las posiciones en las negociaciones iban dirigidas, pues, a obtener unas ciertas prestaciones y, si no se lograban, se recurría entonces a la movilización. Patronal y sindicatos han seguido negociando en época de bonanza de modo que los incrementos salariales fueran asumibles. Algunas personas creen que excesivamente porque a veces los beneficios no revertían en modernizar la empresa o sus estructuras.

-Pero se creaba empleo.

-España pasó de tener catorce millones de personas ocupadas a veinte, y Cataluña, de 2,7 millones a tres y medio. Repito lo del sostén familiar: en las casas había más gente trabajando, aunque cobraran menos. Y luego el factor que ya he mencionado del empleo femenino. Lisboa marcaba el objetivo de emplear al 60 por ciento de las mujeres y en Cataluña se ha alcanzado la cifra del 62 por ciento. En esto hay una fractura hacia los 40-45 años. Quienes comenzaron a trabajar muy jóvenes y lo dejaron al casarse están en esa edad, pero también hay el fenómeno de las que se reincorporan a trabajar pasados los 50.

-El Pacte per l’Ocupació y otras iniciativas similares ¿aporta resultados o son concesiones políticas para aparentar que se hace algo?

-Hay un elemento fundamental que es la actividad económica y todo el resto son elementos positivos para acompañarla. Si no tienes créditos no puedes invertir, por eso ayudamos en otras cosas. Por ejemplo, en formación o en ayudar a la competitividad de las empresas, o a la exportación, dándole más oportunidades a las personas y a las empresas. Luego están las medidas paliativas con coberturas sociales como primer nivel de subsistencia. Resolver el primer elemento está ahora en manos del G-20, de la zona euro, etcétera, y a partir de ahí España puede ajustar sus políticas económicas, pero en los otros aspectos se puede actuar desde Cataluña.

Hay que percibir la globalización no como una palabra, sino como una realidad, y que debe haber un gobierno para los problemas globales y un gobierno cercano para los problemas cercanos porque lo que es global es el mercado.

-Quisiera tocar un tema impopular: los liberados y los sindicatos, un colectivo con una calificación muy baja en las encuestas. Diga algo en su defensa.

-¿Sabe aquello que dicen de que los incendios los provocan los bomberos porque allí se ve enseguida un bombero? Pues pasa lo mismo con la imagen de los sindicatos: allí donde hay un conflicto se ve a un sindicalista. Con los sindicatos ocurre que se les identifica con el conflicto laboral, en cambio no tienen visibilidad cuando están resolviendo problemas reales de los trabajadores que no acaban en conflicto. Esto lo saben los dos mil o diez mil trabajadores de aquella empresa, pero no los medios de comunicación ni la calle.

Como los sindicatos aparecen normalmente cuando el proceso está en la última fase, con una tensión muy fuerte, la imagen que se genera está muy distorsionada. De 45 millones de habitantes que tiene España, los 25 millones que no trabajan no aprecian la acción práctica de los sindicatos. Fíjese en un dato: en las elecciones sindicales el índice de participación, con un 75 a 80 por ciento, es más alto que en cualquier otro tipo de elección.

La transición económica, entre los 70 y los 90, incluida la incorporación a Europa, otorgó a los sindicatos un peso socioeconómico importante que ahora es menor aunque es posible que ellos no se den cuenta de que ya no es tan determinante.

Me hablaba usted de los liberados. Los representantes sindicales, en aquellas empresas que por volumen deben tenerlos, disponen de 40 horas mensuales, o 15 en las pymes, para asuntos sindicales. Lo que se hace a veces, bien por convenio, bien por un acuerdo particular, es agrupar esas horas de un sindicato en unos cuantos representantes, pero la incidencia final en la empresa es la misma en número de horas. La Ley Orgánica de Libertad Sindical (LOLS), que sólo se aplica a las empresas con más de 750 trabajadores, prevé además designar delegados sindicales no elegidos para que sirvan de interlocutores permanentes con la empresa.

-Son liberados domesticados, entonces.

-En una estructura piramidal es bueno tener unos interlocutores sindicales al lado de quienes toman las decisiones. Siempre, claro, que esa información circule hacia abajo, hacia quienes la deben ejecutar, y que no la centralicen.

Sin duda se van a producir cambios en este funcionamiento. Con la nueva Ley de Educación, por ejemplo, la circular no será igual para el instituto del Pirineu que para uno del área metropolitana de Barcelona, porque las necesidades y el perfil de los alumnos son distintos. Tendrá, pues, que haber más sindicalistas en los institutos y menos en la conselleria, en Via Augusta.

Una gestión descentralizada se ha de reflejar también en el mundo del trabajo sindical. Algunas empresas como Nissan o Volkswagen, que aplican criterios de círculos de calidad, ya lo introdujeron al hacerse cargo de sus factorías aquí.

-¿La deslocalización no empezó cuando japoneses, alemanes o norteamericanos vinieron aquí? Se deslocalizaron en sus países y no sé si a sus sindicatos les gustó mucho.

-Cataluña ha sido una historia de éxito. Supimos sacar provecho de una serie de elementos como un territorio cerca de Europa, una buena formación y unos salarios bajos que nos hizo pasar de ser un país en vías de desarrollo a estar entre los diez primeros países industriales del mundo. Aquello en lo que competimos en su momento ahora ya no es posible por lo que no tiene sentido intentar retener empresas que encuentran condiciones más baratas en Turquía, en China o en Marruecos.

Hay, no obstante, multinacionales que han evolucionado y que nos han ayudado a cambiar. Por ejemplo, Siemens, que de componentes de motor ha pasado a disponer de un centro de diseño de gestión ferroviaria. La empresa se ha sabido adaptar a que seamos más competitivos con un mejor nivel de formación y unos salarios más altos. Lo mismo puedo decir de Hewlett Packard, que fabricaba grandes impresoras y ahora contrata ingenieros de élite para su centro de Sant Cugat.

-Estamos en la fase posterior a una fiebre importante, con un ocho por ciento de pérdida de puestos de trabajo en 2009 y con una tasa de desempleo que ha pasado del 7 u 8 por ciento al 17. Hemos padecido pues una sacudida notable pero en lo que llevamos de 2010 la situación está algo mejor dentro de la gravedad. La Encuesta de Población Activa (EPA) indica que hay más personas trabajando, la crisis se ha estabilizado y ahora hay que esperar el proceso de recuperación económica.

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