A finales de los cincuenta Franco emprendió la operación Cataluña. Había que colmar de gestos frente a la desafección catalana (Carta municipal, compilación de derecho civil, desmilitarización del castillo de Montjuïc, consejo de ministros en Pedralbes, etc). La campaña de imagen amable se cerró con la detención de Pujol y unos cuantos catalanistas en 1960, a los que se llevó a juicio y a prisión. El maquillaje había quedado al descubierto.
Desde coordenadas distintas, lógicamente, Rodríguez Zapatero ha iniciado este viernes la 'Operación Cataluña', otra maniobra de maquillaje para aparentar que siente Cataluña como propia y que nuestros anhelos son los suyos.
La lista de frases estudiadas para alagar a los desafectos, desencantados y cabreados ocuparía más que esta columna. Aquí varios de los razonamientos expresados por el presidente: "España necesita a Cataluña y Cataluña necesita a España en el seno de un proyecto común basado en el respeto", "sus problemas lo son de España, nos conciernen a todos y especialmente al presidente del Gobierno", "no me siento políticamente responsable de la sentencia, la acato, la cumplo y la haré cumplir, pero me hago cargo de esas responsabilidades políticas", "tomo nota del malestar de Cataluña", "dejar que se consolide la desafección sería un error que no voy a permitir", "el Gobierno va a saber estar con Cataluña", "no se pueden tapar ni los sentimientos ni las sensibilidades"…
Rodríguez Zapatero quería alagar y sólo obtuvo corteses aplausos. Nada de entusiasmo. Éramos más de 500 personas, con una gran expectación especialmente entre los medios de comunicación y menos interés en la sociedad civil y económica que mueve el día a día de Cataluña. Notables ausencias: ni la Caixa –dejemos aparte las participadas- ni los presidentes del Fomento ni de la Cámara de Comercio ni de grandes empresas, especialmente las multinacionales. Ausencia caso total del gobierno catalán amigo: más allá del presidente Montilla, que lo presentó aunque de hecho dio su conferencia y de la consejera de Trabajo, nutrida presencia del grupo parlamentario del PSC-PSOE en Madrid y mucha menos de los diputados en el Parlament. De los grupos de oposición y los socios del tripartito excepto los socialistas, nadie.
Digamos que el Gobierno tiene un problema, que parece sinceramente que quiera involucrarse en la solución, pero los destinatarios de sus buenos propósitos ya están curados de viejas promesas. Un detalle. De las seis preguntas que pudieron formularse en el coloquio dos expresaron el agravio por unas infraestructuras insuficientes para la competitividad y la entrada en Europa y la última, nada menos que del secretario general de la entidad organizadora, Tribuna Barcelona, el empresario Josep Maria Sanclimens, fue un ataque furibundo en toda la regla, desde los motivos de la desafección, el triste papel de los 25 diputados del PSC en Madrid o el escaso entusiasmo por "la roja".
Zapatero, que vino dispuesto a anunciar –y lo hizo- que vendría más a menudo por Cataluña, se ha irrogado encabezar una manifestación a la que nadie le ha invitado. Quiere administrar la reconducción de la Cataluña desafecta a la condición ya conocida de Cataluña sumisa y pagana. Quizás ya hay mucha gente harta para que ahora encuentre quien le siga. Desde noviembre quizás ni Montilla.