Se le ha denominado Ley Orgánica de Igualdad y Libertad Religiosa al proyecto que en un par de semanas recibirán la Senplades y el Ministerio de Justicia, para que le den los últimos ajustes, antes de pasar al Ejecutivo, que luego lo remitirá a la Asamblea Nacional. Se dice que ha sido “socializado” y debatido en Quito, Guayaquil, Cuenca y Riobamba..
Sin embargo, hay quien sostiene que la libertad religiosa que garantizaba la Ley vigente en opinión de algunos interesados podría verse afectada. La Iglesia católica dice que derogaría el Modus Vivendi suscrito por el Vaticano con el Estado ecuatoriano en 1937. “Se está violando un convenio internacional, la Ley ya estaba hecha con antelación por el Ministerio de Gobierno”, dijo el arzobispo Antonio
Arregui.
En el nombre dado al Proyecto encierra un evidente eufemismo, pues mediante una “manifestación suave” se nos quiere imponer una normativa “cuya recta y franca expresión” podría significar no sólo un límite a la libertad religiosa, sino tener a la mano la forma de reprimirla o restringirla si fuera necesario.
¿Por qué para crear una iglesia se requiere además, entre otras cosas, celebrar tres asambleas y sacar fotocopia de las cédulas de identidad de sus miembros? ¿Cada feligrés deberá registrarse? ¿Qué hará el Ministerio de Gobierno con esa información?
En esto el socialismo del siglo XXI sigue los lineamientos de las leyes que se aplicaron (y aplican) en los regímenes del viejo socialismo. Quieren, en términos bíblicos, guardar un viejo y letal vino viejo en supuestos odres nuevos.