Los jóvenes creen que las drogas son “malas” pero “normales para su edad”
Los jóvenes españoles de 15 a 24 años consideran de forma mayoritaria que el consumo de drogas es arriesgado y peligroso, afirman que conocen las posibles consecuencias, pero que consumen para sentirse integrados y porque consideran que es “lo normal a su edad”.
Ésta es una de las principales conclusiones de la investigación “La lectura juvenil de los riesgos de las drogas: del estereotipo a la complejidad”, realizada por la FAD (Fundación de Ayuda contra la Drogadicción), la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas y Obra Social de Caja Madrid, que se ha presentado hoy en La Casa Encendida.
El objetivo de la investigación, realizada a través de 1.200 entrevistas domiciliarias y seis grupos de discusión, es analizar cómo perciben los jóvenes españoles (15-24 años) los riesgos del consumo de drogas, y confrontar esta percepción de riesgo con los beneficios que afirman obtener –o esperan obtener- tras el consumo. El análisis conjunto de ambos conceptos (riesgos/beneficios) es lo que puede facilitarnos claves necesarias, quizá no atendidas hasta ahora, para poder comprender las razones de los consumos de drogas juveniles y, de esta manera, poder diseñar programas preventivos y actuaciones teniendo en cuenta otros enfoques.
Hasta ahora, la mayoría de las estrategias de prevención del consumo de drogas se habían basado en el convencimiento de que elevando esa percepción del riesgo se prevendría el uso de drogas. Sin embargo, en la investigación se pone de manifiesto que el señalamiento de los riesgos –a través de estrategias fundamentalmente informativas- no es suficiente si no se tienen en cuenta otros factores:
1. Los jóvenes realizan una lectura del riesgo positiva: El 41% de los jóvenes consideran el riesgo algo inherente a su edad, algo que deben afrontar y cuya superación es positiva. El 23,6% se muestra básicamente de acuerdo en que la convivencia con los riesgos –de todo tipo, no sólo los derivados de los consumos de drogas- es algo necesario en su edad, pero se muestran partidarios de la reflexión y la cautela. Sólo el 29% de los jóvenes españoles es claramente opuesto a asumir riesgos y se muestran prudentes e, incluso, retraídos.
2. Esta aparente oposición formal de los jóvenes a los consumos de drogas se muestra en las encuestas realizadas individualmente, en grupo el discurso cambia: De manera formal, y preguntados individualmente, los jóvenes españoles se muestran conocedores de los riesgos implícitos en los consumos y proclives a no consumir. El 89% de los jóvenes españoles opina que no compensa nada o muy poco el consumo de pastillas, el 87,1% opina lo mismo de la cocaína, el 70,8% del cannabis, el 56,9% del alcohol y el 57,1% del tabaco. Sin embargo, a través del análisis del discurso grupal, la investigación pone de manifiesto que los jóvenes, a pesar de ser conocedores de los riesgos de las drogas, cuando se encuentran en grupo manifiestan otras motivaciones para consumir que influyen tanto o más que la percepción del riesgo. Fundamentalmente se trata de la necesidad de sentirse integrados, de sentir que realizan un comportamiento que ven normal a su edad.
3. Sentirse integrados, motivación clave para los consumos: Según el estudio, no sentirse “raros” es una de las principales motivaciones que los jóvenes mantienen para consumir. Sin embargo, no es el grupo de iguales el que presiona para consumir, sino el convencimiento de que para ser joven hay que consumir drogas. Por otra parte, sienten, en su mayoría, que consumir en determinadas franjas etarias (adolescencia y primera juventud) es normal y hasta necesario.
4. En su decisión de consumir o no, los jóvenes ponderan tanto los riesgos como los beneficios teóricamente asociados al consumo: Esta lectura y equilibrio riesgos/beneficios, que realizan para cualquier tipo de conducta, supone que las consecuencias negativas que pueden derivarse del consumo de drogas -que para los adultos se trata de una información claramente disuasoria- los jóvenes las contemplan como un factor más, pero no el determinante. E incluso ser capaces de arriesgarse puede ser contemplado positivamente.
5. Para los jóvenes el riesgo a corto plazo no es disuasorio: Para los jóvenes españoles de 15 a 24 años, el único riesgo a corto plazo del consumo de drogas que consideran es la muerte (accidentes de tráfico, posibles sobredosis, etc) pero, aún siendo conscientes, consideran que es una posibilidad remota y asociada sólo a consumos muy determinados, fundamentalmente al consumo de “pastillas”. En cuanto al riesgo a largo plazo, consideran que nunca lo sufrirán ya que ese tipo de daños (enfermedades por consumo prolongado) sólo se producen “si existe hábito o adicción” y consideran sus consumos “experimentales”. Es decir, relativizan sus propios usos de las drogas.
6. La percepción de riesgo atribuida a cada una de las sustancias emana del contexto social: La experiencia propia o del grupo de amigos, los medios de comunicación o la familia son factores que influyen en la determinación del riesgo que el joven atribuye a cada una de las sustancias. De hecho, y como veremos más adelante, existen fuentes legitimadas (amigos) y menos legitimadas (escuela, familias) que influyen de diferente manera.
En contra del estereotipo, y según los resultados de la investigación, podemos afirmar que los jóvenes españoles no banalizan los consumos de drogas, sino que por el contrario conocen los riesgos, pero que optan por consumir –aquellos que lo hacen, que constituye una minoría- por razones que, fundamentalmente, tienen que ver con los beneficios que esperan obtener tras el consumo.
Estos beneficios que los jóvenes atribuyen al consumo de drogas son fundamentalmente poder integrarse y no “sentirse raro”, divertirse y poder recrear la diversión. De forma específica, cada una de las sustancias cuenta en el imaginario juvenil con sus respectivas “ventajas”: alcohol desinhibidor, cocaína para potenciar la euforia, “pastillas” para poder aguantar y sentir más, y cannabis para relajarse.
A pesar de la asunción de estos beneficios, la investigación pone de manifiesto que la gran mayoría de los jóvenes se sitúa en posiciones contrarias a la experimentación con drogas. De hecho, la percepción de riesgo que tienen los jóvenes españoles es alta –en contra del estereotipo que se mantiene desde la visión adulta- y muy similar a la de la población adulta.