
El partido del año, del siglo, del milenio. Las desconcatenación de los astros. El 'sumum' de la fiesta futbolera. O sea, un nuevo Barça-Madrid. Pero con un matiz nuevo y desconocido en los últimas temporadas: jamás llegó uno de los equipos en tanta inferioridad, pongamos que hablo de los blancos. Jamás llegó un conjunto con tanta superioridad, pongamos que escribo de los azulgrana. Un equipo en la cima del 'jogo bonito', del espectáculo atacante, del festival goleador. Un equipo que, así, es el fiel reflejo de la situación estable y alegre del club. Un equipo que enamora no sólo a sus seguidores, sino a cualquier amante del buen fútbol, si es que hay alguno que no esté cegado por el forofismo de los colores.
Por supuesto, el Barcelona, el 'Superbarça', el nuevo 'dream team'. Por supuesto el bloque luchador, homogéneo, solidario, efectivo y efectista que dirige ese caballero dentro y fuera de los estadios que es
Josep Guardiola. Frente a él, un equipo que vive un nuevo 'annus horribilis'. Un equipo que estaba hasta el martes en el más hondo pozo del 'jogo horroroso', del antiespectáculo y de los regalos defensivos, incluido el otrora 'SuperCasillas'.Por cierto, ¿se atreverá
Juande a dejarlo en el banquillo como hiz el miércoles ante el Zenit? Un equipo que así también es el espejo de la bochornosa situación del otrora club ejemplar a nivel mundia, y sólo hay que retroceder una seman en el tiempo: a la Asamblea del pasado domingo. Un equipo tan dividido en el campo -unos pelean a muerte con
Raúl dando ejemplo y otros cumplen con cierta profesionalidad- como en las altas esferas. Un equipo que desencanta a sus seguidores y a cualquier amante del buen fútbol.
Pero no podíamos concluir este comentario desde la más estricta neutralidad porque quien lo firma no es ni de uno ni de otro. A diferencia de mis compañeros
Pablo Muñoz y Laura Heras -'merengues' de pro, aunque sensatos-, y
Álex Hurtado -'culé' total e igualmente razonable-. Y no olvidando tres cuestiones, tres, que pueden voltear los pronósticos. A saber. 1: como en la mítica canción de la Nueva Troba Cubana...
"y en esto llegó Fidel"; o sea, Juande Ramos cuyo efecto puede ser tan balsámico, revolucionario y despistante para Guardiola como el propio cese de
Schuster, auspiciado desde dentro por Raúl. 2: el heroísmo, casta, orgullo y capacidad de lucha a tope que
Santiago Brenabéu inoculó en los genes de sus jugadores y que -salvo excepciones- suele transmitirse de generación en generación. Y 3: pocas veces en estos partidos del milenio se cumplen los pronósticos, por el ambiente y condicionamiento especial de los mismos. De modo que lo óptimo para el fútbol español es que gane el mejor. Ya sé que es un topicazo, pero...