El alza de los precios de los alimentos sumado a la crisis financiera ponen en riesgo los avances logrados por América Latina y el Caribe en la lucha contra el hambre desde 1990, alertó hoy la FAO.
Durante el Día Internacional de los Derechos Humanos, el Representante Regional de la FAO , José Graziano da Silva, lamentó que todavía el derecho a la alimentación esté ausente en la vida de 963 millones de personas alrededor del mundo.
“Desafortunadamente no entregamos números compatibles con lo que se celebra en esta fecha. Peor aún, hemos retrocedido en las metas que nosotros mismos hemos establecido, de reducir por la mitad el número de extremamente pobres y hambrientos en el mundo para el año 2015” , dijo hoy Graziano durante el lanzamiento del Panorama del Hambre en América Latina y el Caribe.
Según dicha publicación, entre 1990 y 2005, América Latina y el Caribe disminuyó el número de personas con hambre de 52,6 millones a 45,2 millones. En dicho periodo, los mayores avances fueron logrados en América del Sur, donde la población hambrienta bajó del 35,5 millones a 28,8 millones. En América Central, hubo una caída de 5,5 millones hasta 5,4 millones, mientras que en el Caribe un pequeño incremento de 7,5 millones a 7,6 millones.
Sin embargo, el alza de los precios de los alimentos incrementó el número de personas que sufren hambre hasta 51 millones en 2007 y es probable que ese número haya aumentado en 2008 debido a la crisis económica.
Políticas públicas pueden disminuir el impacto de la crisis
Aunque la Región y el mundo enfrentan una situación complicada, el Representante Regional dijo que la acción de los gobiernos puede mitigar los efectos de la crisis en la seguridad alimentaria.
“Todavía hay tiempo para que los gobiernos tomen medidas para evitar que se concrete una crisis anunciada”, afirmó Graziano, quien añadió que los gobiernos deberían ampliar el alcance de las políticas que muchos de ellos ya pusieron en marcha en sus países.
Estas acciones, destacadas en el Panorama del Hambre, incluyen el refuerzo de las redes productivas y de seguridad social, mientras se diseñan políticas que favorezcan la estabilización y la expansión de la disponibilidad de alimentos en el mediano y largo plazo, mediante infraestructura rural e inversión en la agricultura.
Por el lado de la producción, las intervenciones que mejoren la productividad y el acceso a mercados de la agricultura familiar campesina son claves: en países como Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, México y la participación de este sector en la producción total agrícola fluctúa entre uno y dos tercios.
Niños y minorías son los públicos de mayor riesgo
Según el Panorama del Hambre, en la Región más de 9 millones de niños y niñas sufren retraso en el crecimiento debido a una insuficiente alimentación.
Guatemala muestra progresos pero mantiene la peor situación, mientras que México y Brasil (por sus elevadas poblaciones) concentran el 43 % del total de casos de baja talla para la edad. En Nicaragua, Haití, Guatemala, Honduras, Bolivia, Ecuador y Perú los niveles de desnutrición crónica infantil permanecen muy altos.
Graziano destacó que una de las maneras de enfrentar a la desnutrición crónica infantil y al mismo tiempo apoyar a la agricultura familiar, es a través de la compra estatal de su producción para el suministro de programas gubernamentales como la alimentación escolar.
“No alimentar a los niños es comprometer su futuro y transmitir la desigualdad entre generaciones. Podemos enfrentar este problema y estimular la agricultura familiar comprando de ese sector los productos utilizados para los programas de alimentación escolar”, explicó Graziano.
Otro grupo de riesgo son los indígenas y afro-descendientes. Los mayores problemas de pobreza, desnutrición y hambre se encuentran entre los menores de 5 años y las mujeres pertenecientes a minorías étnicas y hogares pobres que habitan en zonas rurales. La prevalencia de desnutrición crónica en hogares indígenas pobres alcanza el 44 % y 50 % de la población en Bolivia y Perú, respectivamente.