Argentina y El Vaticano normalizaron hoy sus relaciones diplomáticas con la presentación de las cartas credenciales del nuevo embajador del país sudamericano ante la Sede Apostólica, Juan Pablo Cafiero.
Tras 11 meses de estar vacante la legación diplomática argentina a causa de numerosos desencuentros, el representante argentino fue recibido por el Papa Benedicto XVI este viernes en el Palacio Pontificio.
Durante su discurso, pronunciado en español, el Papa aseguró que ese encuentro representó un "momento de particular importancia" en las relaciones bilaterales que "confiamos sean cada vez más fluidas y fructíferas".
Con estas palabras abordó los difíciles vínculos entre El Vaticano y el gobierno de Argentina desde hace varios años cuando ocupaba la presidencia Néstor Kirchner, esposo de la actual mandataria Cristina Fernández.
El líder religioso aseguró también que acompaña con sus oraciones "toda iniciativa que aliente la concordia, la justicia y la consecución del bien común en esa amada tierra".
Sobre la presencia de la comunidad católica en la nación sudamericana advirtió que ésta sólo persigue dar testimonio de caridad para promover una convivencia responsable y armónica, de recíproca comprensión y perdón.
Además destacó la necesidad de evitar actitudes que deterioren la fraternidad y el mutuo entendimiento, y la urgencia de dar vigor a lo que favorezca el sentido de responsabilidad cívica con vistas al bien de toda la sociedad.
Joseph Ratzinger negó también que la Iglesia católica pretenda convertirse en un sujeto político y agregó que aspira, con la independencia de su autoridad moral, a cooperar "leal y abiertamente" con los responsables del orden temporal.
"Deseo por eso expresar los mejores deseos de que se robustezca el diálogo y la colaboración entre las autoridades argentinas y el episcopado de esa nación en aras del bien común de toda la población", apuntó.
El Papa Benedicto XVI defendió también los "valores irrenunciables" que deben formar la vida social: el matrimonio entre un hombre y una mujer, el espíritu de sacrificio y pródiga solidaridad, la defensa de la vida humana desde su concepción hasta su término natural.
También se pronunció por la erradicación de la pobreza, la honradez, la lucha contra la corrupción, el derecho de los padres de educar a sus hijos en sus convicciones religiosas, así como la promoción de los jóvenes, como agentes de paz y reconciliación.
Antes de concluir su intervención recordó que este mismo día, 5 de diciembre, una delegación del Vaticano participará en las celebraciones por el trigésimo aniversario de la mediación de Papa Juan Pablo II para evitar la guerra entre Chile y Argentina.
"Ambos países supieron abandonar las vías del enfrentamiento para demostrar que, con el diálogo y la grandeza de corazón, se puede alcanzar una paz digna, estable y sólida, como es propio de pueblos civilizados y sabios", estableció.